Quotidiana05/05 /2008 4:27 pm

Paseando ayer por el parque, escuché un grito singular:

— ¡¡¡Te mato!!!

Semejante anuncio era vociferado por una madre, desde la terraza de la casa, a su hijo de unos seis o siete años que jugaba en el parque inmediato. Supongo que el niño estaba a punto de cometer un acto sancionado, tan grave como tirarse por el tobogán de pie o de escalar al tejadillo de la casita de juegos, actividades en las que podría romperse un brazo, hacerse una herida o acabar con un bonito chichón. Lo que impresionaba es que, para prevenir tales cosas, aquella madre apostaba directamente por el terrorismo psicológico, por la violencia verbal más extrema o, por decirlo claro, por la declaración de que iba a asesinar al niño.

En este caso, la desproporción entre delito y punición es tan acusada que rozaría lo grotesco si no nos atuviésemos al sentido de la amenaza. Y es clarificador que se elida la parte del condicional lógico que se intuye y que este tenga obligatoriamente que ir en tiempo presente: Si haces ésto, te mato. Enunciándose de tal forma, no se dan alternativas. El cumplimiento de la segunda parte (te mato) ocurre por necesidad y no precisa que se concrete la veracidad del primer miembro. La muerte es ya cierta y no probable o futura. No ocurre al minuto siguiente o en el momento en el que se llegará a casa. Por el contrario, al emplearse el presente, adopta el valor inmediato: en la práctica, la madre está anunciando al niño que ya lo está matando, como si se hubiese subido a horcajadas sobre él y, a ritmo de puñaladas, le diese una información de Pero Grullo.

Cuando era niño recuerdo haber escuchado, continuamente, a todas horas y en cada situación a algún padre o madre bramar que iba a matar a su hijo. La amenaza era continua e intenso el reinado del Terror. La presión psicológica a la que son sometidos los niños sólo tiene correspondencia con la vocación de sometimiento por parte del agresor. La violencia verbal forma parte de las fórmulas institucionalizadas de dominio, de la estrategia que pretende la destrucción nerviosa del rival. No difiere mucho del repertorio de torturas que comete todo Estado. En aquellos días, los padres, más explícitos y literarios que los actuales —je me rappelle— gritaban que iban a cortar el pescuezo de sus hijos, que los iban a ahogar como gatos (sic), que los estrangularían, que les iban a sacar los hígados o que los estocinarían1 sin remedio. Cuestión de formas cuando el fondo es el mismo.

La frase me impresionó, lo reconozco. A mi alrededor, parecí ser el único perplejo. Las mujeres seguían hablando animadamente entre sí, mientras el corrillo de hombres permanecía impertérrito. Ni uno solo de los niños se sorprendieron de tal locución. Vivimos bajo la normalidad de le Grand Peur.

Nota: 1. Estocinar quiere decir hacerle a alguien lo que se hace a los tocinos, esto es, a los cerdos, el día de la matanza: abrirlos en canal con un arma blanca. Por lo demás, todas las locuciones fueron enunciadas ante mi presencia y no son, por tanto, fruto de mi fantasía ejemplificadora.

Quotidiana17/04 /2008 1:39 pm

Me niego a escribir su nombre, me niego a colocar su imagen, pero Italia estará sometida durante la entrante legislatura a lo peor de sí misma: La Mafia, el clientelismo (a los capi), los vínculos de reparto infamante de poder (entre maffiosi), la corrupción galopante (de Mafia a Estado y de Estado a Mafia), el sobreseimiento de causas judiciales contra los allegados a la derecha (o a la Mafia), el ataque furibundo desde el ejecutivo a un poder judicial ya de por sí manchado de fango (mafioso), el despilfarro y el lucramiento personal (de los diversos estamentos de la Mafia). ¿De qué han servido las (durísimas) posturas de ajuste de las finanzas públicas por parte del profesor Prodi en un estado que cabalgaba a lomos del más gravoso endeudamiento? ¿Acaso los votantes no han sido conscientes de todas las trampas y zancadillas que se ha puesto a su gobierno? ¿Por qué no dar el voto a Veltroni, de quien se presupone un comportamiento infinitamente más limpio que el de su adversario? Todo se perderá en manos de la verdadera cabeza de la Mafia que ha ganado estas elecciones. Extraño es que, con los precedentes que la policía había detectado de falseo de votos de residentes en el extranjero a favor de la coalición de la podredumbre, el Partito Democratico no haya impugnado los comicios.

Ahora, la derecha rendida a la Mafia y la coalicción de partidos entre los que no falta quienes propugnan la xenofobia o los que se definen a sí mismos como neofascistas tienen las llaves de Italia. No escarmientan los italianos. Es para echarse las manos a la cabeza.

Posdata:

Ya ha empezado:

Zapatero ha fatto un governo troppo rosa che noi non possiamo fare anche perché in Italia c’è una prevalenza di uomini.

Nove donne! Se l’è cercata lui! Gli costerà dominarle!

… una sensacional (y novedosa) manera de dar inicio internacional a una legislatura es declarar a los cuatro vientos que se es un machista insoportable. Y atención, que esto es sólo el inicio. Que se prepare Italia.

Literatura, Quotidiana 1:38 pm

El profesor de la Universidad de Cádiz Antonio Serrano Cueto, autor de la excelente edición castellana del Libro de Proverbios, de Polidoro Virgilio, ha abierto su propio espacio personal en esta Galaxia Gutemberg que no se extingue. El blog recibe el bello nombre de El baile de los silenos , título que se explica en la entradilla mediante una cita de los adagia de Erasmo.

Y nos informa de que anda embarcado en una traducción de estos mismos adagia. Sólo podemos desearle una buena singladura mientras llega a buen puerto.

Polidoro Virgilio: Libro de Proverbios. Edición de Antonio Serrano Cueto. Editorial Akal, Madrid, 2007

Quotidiana, Animalismo07/04 /2008 10:42 pm

Trottita

Trottita

Lo difícil no sería tratar de persuadir a quienes contemplen la imagen de que la primera de ellas no retrata a un wolverine, a un Demonio de Tasmania o a una fiera brotada de una pesadilla; lo complicado es explicar que ambas fotografías son del mismo individuo y que en la primera de ellas, andaba jugando amistosamente con la persona con la que vive. Descártese, por tanto, todo temor a que el monstruo terminase devorando a ser humano más. Las cámaras, ya se sabe, son a veces traicioneras y engañosas, y en lugar de presentar a un cachorro en plena diversión, se complacen en capturar a una fiera corrupia.

No llega aún a los cuatro meses. Angelito.

Quotidiana 8:53 pm

Como el día anterior había hecho veinte grados y cayó sobre las calles la alegre y dorada y redonda luz de la primavera, ¿Quién iba a esperar semejante mudanza del tiempo?

Miro hacia arriba y me cercioro de que se han abierto las troneras del cielo, por donde se derrama un resplandor intolerablemente claro, frío, triunfal. Las densas masas de nubes se acometen, los jirones se deshilachan y huyen despavoridos bajo los cielos. Todo el marco abarca una ancha paleta que va desde el blanco de zinc hasta el gris plata, sin olvidar el azul cobalto y el de Prusia. Veo el cielo tintado de silicatos de aluminio, de dióxido de titanio, de cromo. Pienso en Hans Holbein el Joven o en las obras de Giovanni Bellini; la imagen literaria de un aprendiz orinando en el cubo para producir amoniaco en el taller de Leonardo, el de la ciudad de Vinci.

No se quema el aire en el horizonte, hay siempre un recuerdo de sangre en el cielo de Madrid. Saco la cámara (oscura, pesada, me llevaba acompañando toda la tarde) y fotografío con calma. Muda el tiempo y los tiempos. Es difícil saber cuántos más podrán ser vistos.

Historia, Quotidiana03/04 /2008 2:03 pm

Como ya vimos en el anterior artículo sobre este tema, afortunadamente para la paz, el diálogo y la concordia universal, amén de para proteger la vida del personal sanitario voluntario (siempre que sea estadounidense o afín a ellos) siempre estará Thor. En las imágenes siguientes, y no podía ser de otro modo, le vemos empleando sus dotes para la diplomacia. Obsérvese que, tanto el casco del piloto como el avión están señalados con la marca de la bestia. Justo es, pues, arrearles un par de martillazos que ayuden a mejorar su mecánica.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott) Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Mientras, en San Diablo, asistimos al primer acercamiento gráfico del lider comunista y sus secuaces. La posición en sí ya es importante. En una mesa de despacho (teléfono, documentos y… ¡candelabro!), sentado en una butaca con reposacabezas, el Ejecutor muestra sus credenciales poniendo sobre los pies sobre el área de trabajo a la par que come un muslo de pollo a mano desnuda. Esto es revelador, porque no se puede ser malvado si no se deja continua constancia de ello hasta en el más mínimo detalle. El Ejecutor come con las manos, pone las botas indecorosamente encima de la mesa, lleva boina calada, luce barba sin bigote y exhibe una morfología facial similar a las representaciones de las especies antecesoras al homo sapiens. Por descontado, también se nos muestra la crueldad en el trato con sus secuaces, que en la hora postrera se revelan como unos cobardes de marca mayor. Como todo comunista, el Ejecutor es despiadado y, como algunos programas informáticos, no tiene tolerancia ante el error. Aquel que fracasa es un traidor. Las caricaturas de Stalin y Beria se trasladan por el tiempo y el espacio hasta la América Latina de los sesenta sin rubor ni ambages.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Humean las armas de la facción comunista. El fusilamiento, esa fórmula punitiva exclusiva de la izquierda, ha dejado sentir su presencia. Los soldados, tocados con gorra, han llevado a cabo la acción sin consideraciones éticas que valgan, sin que se muestre más que una maquinaria al servicio de su lider. Mientras, oculto en una habitación del primer piso del edificio, el Ejecutor y sus camaradas prosiguen a lo suyo. Han desembarcado los yankees, que siguen emperrados en curar (atención a la insistencia) a los campesinos. Naturalmente, ellos van a impedirlo. ¡Cómo se le puede ocurrir a nadie que las izquierdas en América Central o Sur hayan pensado alguna vez en el bienestar del campesinado! Son los Estados Unidos los que, con sus ejércitos de médicos y enfermeras (entre los que se colaba algún Thor de cuando en cuando) han mostrado la humanísima compasión característica de todos sus Gobiernos. Como la muestran ahora en ese lugar de Oriente Medio donde la situación es bastante buena.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

La acción continúa y el trasunto humano de Thor, amén de su linda enfermera (en los comics de Lee-Kirkby, las mujeres son enfermeras o ayudantes de laboratorio o secretarias y los hombres médicos, científicos o empresarios: y muéstrese bien la jerarquía entre sexos) han sido capturados. Ahora… ¿Qué es lo que quiere un infame latino (todos son bigotudos o barbudos y feos) de una estadounidense (esto es, blanca, rubia, delgada, hermosa y joven)? Pues qué va a ser. Los extranjeros siempre quieren acostarse con nuestras mujeres. Y, para colmo, son tan zopencos que no conocen las maneras del cortejo. Así que siempre urden unas tramas malignas para tratar de llevarlas a la cama. Todo eso, cuando tienen el tiempo suficiente y no las violan sin contemplaciones. El Ejecutor, al menos, adopta la primera fórmula: tras un brusco galanteo (bravamente respondido por la enfermera, que le echa en cara su fealdad latina), y ante la amenaza de fusilar al doctor Blake, le propone matrimonio. Eso, amigos, es el amor fuera de Estados Unidos. Así se comportan estos salvajes con la florida juventud yanqui.

Por descontado, lo de los maltratos a los cojos es locus comunis. Es algo común al sur del Río Bravo. ¿O no?

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott) Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Pensamiento, Quotidiana07/03 /2008 12:15 pm

En la parte de atrás de los edificios donde habitaba, en un pasadizo encajonado tras la valla de un colegio público, se decidió habilitar el espacio casi inexistente en forma de garaje. Quienes lo hicieron —aún en el día de hoy ignoro quienes fueron esos individuos avispados— no contaron con tres problemas fundamentales. Primero, no entendieron que proyectar una obra con vocación comercial en un barrio donde llegar a final de mes con dinero en la cuenta corriente era una hazaña digna de ser cantada por un nuevo Homero precisaba un serio estudio y una prolongada meditación. Si la media de edad de los vehículos superaba con frecuencia la del piloto… ¿cómo pensaron posible persuadir a esos hipotéticos clientes, propietarios de deudas y chatarras heredadas de que les era del todo punto imprescindible alquilar una plaza de garaje para guardar su cochecito?

En segundo lugar, y como buenos españoles, estos beneméritos incentivadores de la circulación del capital (de los bolsillos del prójimo hasta el propio) y de la creación de riqueza (personal), pensaron que pedir una licencia de obra para construir garajes era una total y absoluta pérdida de tiempo, cuando no de dinero, cuando no de autoestima. Es bien sabido que en este país de locos todo el mundo va a su aire, y que el sistema legal está muy bien para que lo acaten los demás, aunque mejor para burlarlo uno mismo (algo que genera una irresistible alegría, al parecer). Lo malo es, en ocasiones, que sin el soborno oportuno y los costos de licencia satisfechos a veces las cosas no prosperan. Ya se sabe lo perverso que es el Estado, siempre atento a convertirse en rémora de la iniciativa privada.

El punto tercero es tan característico como ejemplar: el espacio que dejaron para que los coches doblasen los recodos del pasadizo era tan reducido que, evitando el eufemismo, no había manera de que pudiesen maniobrar, a no ser que derribasen previamente el frente de los garajes o, en su defecto, el muro del colegio. Como las cosas no suelen suceder así —salvo en algunas películas— y, cuando golpeas el coche contra una pared quien se lleva la peor parte es el vehículo, de propuesta de aparcamiento para automóviles, por imperativo lógico y por efectos de la transubstanciación obligatoria, la cosa metamorfoseó a garaje para ciclomotores, bicicletas, tandems, triciclos y demás maquinaria de vía estrecha.

Así se muestra que la simple construcción de un garaje, quizás en otro lugar ejercicio de anonimato o acción trivial, en el sitio donde habito se revela como el mejor ejemplo para hacer antropología social y desvelar el carácter torticero, impulsivo, ausente de reflexión y descabalado del pueblo que lo ideó y llevó a cabo. Quod erat demonstrandum.

En el momento en el que tomo las fotografías, me sorprendo al ver lo limpio y despejado que se conserva si lo comparamos con la imagen que ofrecía veinticinco años atrás. Todavía veo, en el archivo de la memoria, llover las bolsas de basura desde el edificio aledaño (es bien sabido que bajarlas hasta los cubos de basura es con frecuencia un coñazo mayúsculo, y que contaba con el inconveniente de que daba a la vecina la oportunidad de inspeccionar el número de botellas de vino que cada vecino había consumido ese día). La inmundicia cayendo desde las alturas. Las jeringuillas hipodérmicas hacinándose junto a limones podridos. Latas destripadas, crueles fragmentos de cristal, restos de maderas carbonizadas por las hogueras invernales. Las ratas. Los niños.

No sé en qué condiciones hemos sobrevivido a aquello.

Quotidiana05/03 /2008 12:14 pm

A uno de estos álamos blancos le transferí mi amor insobornable por Yolanda Salgado Espejo cuando contaba la serenísima edad de nueve años. Eran otros días, en los que no me preocupaba en exceso el respeto por los árboles o en los que no veía daño alguno en marcar su corteza a golpe de navaja. Un corazón, un nombre grabado en la madera, al que se han unido decenas, cientos de nombres.

Ahora, parte de la corteza —lisa y suave al tacto en su origen— se viste de musgo y cicatriz. Paso la mano, y nada veo, no encuentro rastro de ese nombre tan querido para mí durante un tiempo. ¿En qué árbol exactamente estaba? ¿A qué altura? ¿Habrá subido con el crecimiento del álamo? ¿Sigue guardando la madera el secreto de un amor infantil?

Quotidiana04/03 /2008 12:13 pm

Parecerá increíble, pero los chicos se aman en estos tiempos difíciles. Y lo declaran hasta en los lugares más oscuros.

Quotidiana 12:12 pm

Una inquietante sensación me recorre al visitar el antiguo barrio de Madrid en el que viví mi infancia. Por un lado, todo me parece más pequeño, como hecho a escala, como si las dimensiones de todas las cosas se hubiesen comprimido. Ni las avenidas son tan anchas, ni los edificios tan altos, ni los árboles tan esplendorosos. Por el otro, detecto que aparece sumido en una extraña calma: lo que antes bullía de Vida (no siempre en el mejor de los sentidos) ahora está atrapado en la pastosa atmósfera de los sueños.

Yo recuerdo ese mismo sitio como un lugar en el que el peligro campaba a sus anchas: por una nadería, los hombres se mataban a palos con otros hombres dentro y fuera de los bares, o bien molían a golpes a sus parejas en la oscura privacidad del hogar; éstas se desquitaban peleando con las vecinas, agarrándose de los pelos, mordiendo y arañando como fieras enloquecidas; los adolescentes se unían en grupos para destrozarse entre sí ayudados por palos, cadenas o cualquier objeto susceptible de ser compañero de batalla; por descontado, los adultos atacaban a los niños por cualquier motivo (supuestas faltas a la obediencia o al respeto que rayaban en lo inconcebible), labor en la que tampoco eran ajenos los adolescentes y aún los ancianos. Con esa enseñanza… ¿Qué podía finalmente esperarse de los niños? El barrio entero se ahogaba en una espiral de violencia sin freno. Hedía a miedo, a sangre. Salir a la calle era tener la seguridad de que, en un momento u otro, habría un conflicto que no se resolvería con la diplomacia. Pero quien se quedase en su casa corría los mismos riesgos.

Yo recuerdo haber visto, en el colegio donde me llevaron, a una profesora fracturarle el cráneo a un niño de primero de Primaria (de seis a siete años) con el tacón del zapato que blandía como arma (pero no recuerdo si fue a David Bailón o a Mario); recuerdo a Félix Giménez siendo pateado con saña en el suelo por el director del colegio por haber cometido el delito de rechazar el caramelo que éste le ofrecía; recuerdo a otra profesora, que nos provocaba derrames en la yema de los dedos al atizarnos con su implacable regla de madera; yo recuerdo torceduras de orejas que llegaron a causar lesiones suficientes como para acudir a un centro médico, bofetadas que arrojaban a los niños al suelo, chichones en la cabeza por obra y gracia de los nudillos de los maestros. Recuerdo, para ser concisos, la engrasada maquinaria de la tortura en el colegio.

¿Qué puedo decir, qué puedo escribir ahora, cuando paso por el barrio y veo el desvencijado local donde fuimos sometidos a suplicio? Las sensaciones son contradictorias y oscilan desde la suprema repulsión que me provoca verlo hasta la oscura alegría de saber que nuevas generaciones de niños no serán atormentados allí. El negocio ya cerró su actividad como sala de torturas obligatoria —pienso con un deje de sarcasmo— para convertirse en un local de torturas voluntarias (lo que algunos llaman gimnasio). Tomo fotografías que testifiquen su ruína. Una pintada hace que me dé un vuelco el corazón. Respeto infinito. No conozco un lugar menos indicado para realizarla. Pero, al tiempo, tampoco ninguno en el que sea más necesaria.

Quotidiana29/02 /2008 2:00 pm

En Junio de 1982, un muchacho, apenas preadolescente, tuvo que abandonar el barrio donde vivía y donde lo había aprendido todo. Un lugar, si se quiere, hostil, duro y oscuro, pero cuyos males eran territorio conocido. Con infinita nostalgia, antes de marcharse y queriendo dejar recuerdo de su paso, escribió sobre una pared de ladrillo unas letras con brea caliente.

Siempre creyó que esas letras no soportarían el paso del tiempo y que los agentes de la desmemoria acabarían con ellas. Hoy, veintiseis años después, compruebo con cierta sorpresa que han sobrevivido.

Música, Quotidiana 1:58 pm

Bajo riesgo de tejer falsedades, no puedo escribir que Ruiz-Gallardón sea ajeno a la Música; mucho me temo, no obstante, que no se puede decir lo mismo del responsable de pergeñar este rótulo. ¿Pero qué es esto? ¿Qué Krauss ni qué niño muerto! ¡Kraus! ¡Alfredo Kraus! ¡Sin doble ese que valga! Al paso que llevamos, un día escribirán Veetoben o Mozar (sic) y se quedarán tan anchos. Total, qué más da. Son sólo palabras.

Así que, como castigo, caigan todas las pintadas sobre este atentado contra la memoria de Kraus y contra la Música. Derribad a golpe de grafito este monumento a la barbarie y lo cubran de ignominia. Damnatio memoriae sobre ese personaje espurio.

Parque Alfredo Krauss. Como todo el mundo sabe, el apellido del tenor canario ha de escribirse sin raddoppiamento: Alfredo Kraus

Nótese. Una sola ese.

Quotidiana27/01 /2008 1:04 pm

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott) En agosto de 1962, la imaginación del guionista Stan Lee y los lápices de Jack Kirkby habían creado, dentro de la serie Journey into Mistery nada menos que al dios Thor (Þorr). Ya desde su primera aparición, Thor muestra su vocación por resolver las cosas a guantazo limpio liándose a tortazos con unos extraterrestres deseosos de dominar el planeta Tierra. En el siguiente número (Journey into Mistery, vol. 1, No. 84, septiembre de 1962) iban a tratar de continuar las aventuras de este personaje, metido ahora nada menos que a resolver conflictos internacionales.

Manteniendo esa dualidad ya clásica desde los tiempos de Superman o Batman, Thor también tiene un perfil humano. En la vida cotidiana, es un médico cojo llamado Donald Blake, poco atlético y no demasiado expresivo pero que, tal y como se explica en el número anterior, tras encontrar un bastón en una cueva en Europa y golpearlo contra el suelo, puede transmutarse en una deidad nórdica, alto, rubio, melenudo, valeroso hasta la exageración y armado de un martillo cargado de poderes. Ahí es nada.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Como vemos, Blake ha regresado de Europa y viaja en compañía de su enfermera. Ni que decir tiene que Blake está enamorado de ella, pero acogiéndose a una puerilidad adolescente, no confiesa su amor por temor a ser rechazado. Tal y como se explica con cansina prolijidad a lo largo de la serie, él es un tullido, alguien que por el mero hecho de padecer cojera queda inmediatamente excluído del circuito de las relaciones sentimentales. La idea es en sí ya significativa de qué es lo que uno puede encontrarse dentro de estas páginas. Por su parte, la enfermera, que también lo ama en secreto (y viva el melodrama), no concibe que Blake, tan distante y callado, pueda estar enamorado de ella.

Pero volvamos a la ilustración: en la primera de las viñetas mostradas, un vendedor callejero anuncia la noticia principal. En un país latinoamericano imaginario, prosigue el conflicto armado. Nótese el nombre de la población, que es nada menos que San Diablo. Está claro que Los Ángeles no es que estén en Estados Unidos, sino que necesariamente han de estar enclavados ahí, y que, en la inversión de Estados Unidos que para la mente conservadora de Stan Lee es todo lo que está más al sur de su país (en el idiolecto estadounidense, América del Sur, aunque geográficamente México o Cuba no lo estén), el lugar latinoamericano no puede llamarse de otro modo que San Diablo.

Claro que el conflicto ha estallado mientras Donald Blake estaba en Europa tocándose las narices, que es lo único que un estadounidense puede hacer en Europa, salvo cuando les ayuda a ganar la guerra. Ya se sabe que, si los dejas solos, los latinoamericanos te montan una guerrilla en menos que canta un gallo.

El conflicto, como vemos, tiene dos facciones: la democrática y otra procomunista. Aquí empezamos con las dualidades tan queridas dentro del Universo Marvel, que por estos años no se acogía ni a medias tintas ni a zonas de transición. O eres bueno, o eres más malo que la piel de Barrabás. Por decirlo de otro modo: o eres yankee (es decir, demócrata, alto, joven, rubio, guapo y con honestos sentimientos), o eres una de las cabezas visibles del Mal (es decir, extranjero y antiestadounidense, feo, barbudo, moreno, vil, traicionero, despiadado… y comunista). Cuánto ha aprendido George Bush Jr. de todo esto.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

¿Qué es lo que hace el gobierno de Estados Unidos cada vez que ha podido meter mano en Centroamérica o Sudamérica? ¿Apoyar a los dictadores más opresivos, siempre y cuando fuesen de derechas? ¿Promover y armar ejércitos para que derrocasen los gobiernos democráticamente elegidos, si es que los electores tenían la mala cabeza de escoger un gobierno de izquierda? ¿Defender a sus empresas que expoliaban injustamente o que sometían a la población a la miseria o el desamparo? Nada de esto, por supuesto. Cada vez que hay un conflicto, y que quede muy claro, Estados Unidos se apresta a enviar ayuda humanitaria. Y en este caso —como en tantos otros—, a la par de la ayuda humanitaria que Donald Blake y su enfermera Jane van a prestar de manera altruísta, cuelan subrepticiamente un arma de guerra de primer orden, que es el mismo Thor. Van a «ayudar a los enfermos», como bien dice la enfermera. Nada hay que temer de la presencia yankee en San Diablo.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Pero… ¡ay!, ya se sabe cómo son los comunistas. Quieren atacar el barco porque… ¡Quieren que los campesinos estén enfermos! ¡Habráse visto lo malvados que pueden ser! Y eso que el lector ve bien claro que en el costado del barco hay pintado un cruz (se supone que roja, con perdón) y que no llevan armas. El lector también ve bien claro que, aunque la cruz estuviese también pintada en el otro costado, no detendría en absoluto a los rojos. ¿No lo ha mandado el Lider? ¡Pues a hundirlo se ha dicho!

Literatura, Quotidiana09/01 /2008 12:57 pm

… Y aparece finalmente por mi casa, tras veinte años de espera, la edición oxoniense en griego, con bellos tipos clarendonianos, de las Historias de Heródoto de Halicarnaso.

¿No saciarás jamás tu hambre devoradora de página, corazón?

Herodoti: Historiae (tomus posterior). Editio de Karl Hude (1908, rep. 1966), Oxford Clarendon Press

Quotidiana, Animalismo04/01 /2008 12:17 am

Si el Reino de Dios en la tierra quiere realmente decir el Reino de la fraternidad, el Reino de la justicia, el Reino donde sólo se puede cambiar amor por amor y la confianza por confianza, y no la venida de un Dios Padre a mano alzada para partirle la boca a los réprobos, si ese Reino de Dios es la consagración de todas las Revoluciones, entonces es acuciante que los cristianos den entrada en ese Reino de Justicia a los animales que no son el Hombre.

Porque tan absurdo es creer que la verdadera imagen de la Revolución es un grupo de tipos caminando por la selva con el Libro Rojo de Mao en una mano (que en realidad son muchos volúmenes) y un subfusil de asalto en la otra, como pensar que la Justicia es algo que se agota en la figura del animal humano. Y es importante que los cristianos lo entiendan así; si son verdaderamente cristianos.

Literatura, Pensamiento, Quotidiana 12:16 am
El Reino de Dios es llamado por san Mateo Reino de los Cielos por la costumbre judía de no nombrar a Dios, pero no porque estuviera fuera de la tierra. Cristo tan sólo esto predicó, la venida del Reino. Este Reino, o República de los Cielos, es una sociedad de justicia, de fraternidad, de amor, que habrá en la tierra. (…) Toda Revolución nos acerca a ese Reino, aun una revolución perdida. (…) Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo.

Ernesto Cardenal, arrodillándose físicamente ante Karol Wojtyla, mientras éste le amonesta públicamente, como no hizo con los prelados que apoyaron sin ambajes la dictadura chilena. En el plano ético, era el Papa quien estaba miles de peldaños por debajoLa Revolución perdida, publicada en 2004 como la tercera parte de las memorias de Ernesto Cardenal, se cierra con este pasaje espectacular que tanto escoció a las instancias vaticanas (y que ha sobrecogido el corazón de este ateo que os escribe). Quienes están en sintonía con las fuerzas más conservadoras del planeta sentirán a buen seguro escalofríos al leer a un sacerdote expresarse de forma tan libérrima y pura. No cabe duda de que en muchos aspectos, Cardenal puede ser un hombre equivocado1 (y por ende, un sacerdote equivocado), pero difícilmente puede decirse que en estos párrafos esté expresándose de una forma corrupta, falsaria o equivocada desde el punto de vista cristiano. El Cristianismo tiene todavía en su seno, como una semilla dormida que apenas se despereza de cuando en cuando, el pensamiento radical de Minucio Felix o de Tertuliano o de un Francisco de Asís.

Los obispos Rouco Varela, Cañizares y García-GascóPero también es verdad que siglos enteros de dominación, de poder, de boato y de haberse convertido en un formidable poder temporal, hace que el Cristianismo suscriba con demasiada frecuencia pensamientos como los que hace poco vomitaban en público los obispos Rouco Varela, Cañizares o García-Gascó. Aquí se acabó la preocupación por la fraternidad o el amor, ni se ve la presencia de los pobres en su discurso: los puntos a discutir son, como se ve, si el Estado debe o no ampliar los supuestos por los que una mujer está autorizada a abortar; las facilidades concedidas para que los matrimonios civiles puedan disolverse civilmente; la inclusión de una asignatura que enseñaría que hay una Ética universal que no se pronuncia sobre la existencia o no de Dios; y finalmente, la composición de una pareja para que pueda ser reconocida civilmente como matrimonio. A decir de estos señores, estas disposiciones legales atentan contra la democracia, contra la libertad, extienden el miasma del laicismo y provocan el adoctrinamiento de los escolares en una materia en la que, hasta la fecha, ellos han sido los únicos autorizados a adoctrinar.

Compárese el equivocadísimo discurso de Ernesto Cardenal con el de estos sujetos, avalados por su infalible Santo Padre y saque cada uno sus propias conclusiones ¿Hasta cuándo un cristiano-católico tendrá que soportar una traición tal por parte de los jerarcas de la Iglesia en la que se reconoce?


Nota: 1. Cardenal parece avalar el comportamiento de lo que él llama niños-mártires durante los tres levantamientos nicaragüenses contra la dictadura del tercero de los Somozas. Yo lo veo como la aceptación por parte del FSLN, durante los levantamientos, del papel de los niños-soldado. No consigo entenderlo —a la manera de Cardenal— como la constatación de que el apoyo de la población —de cualquier sector de la población— a los sandinistas era total.

Quotidiana03/01 /2008 12:14 am

Desprovistos de armadura pero repletos de la fuerza de la locura, tanto Orlando como Yvain, caballeros andantes, arrancaban árboles en los bosques lejanos, alejados de los hombres. Otro caballero andante, que creía a ratos llamarse Alonso Quijano, intentó lo mismo con un molino manchego —y fracasó. Durante días, los ejércitos del rey Claudas estuvieron demoliendo la última torre del castillo de Ban de Benoic, padre de Lancelot. A la cabeza me vienen los tratados de poliorcética antigua y toda esa maquinaria pesada y terrible que empleaban los ejércitos del rey de Macedonia. Mas… ¿Qué caballero o qué ejército ha podido echar por tierra de un manotazo la torre de alta tensión que llevaba viendo tantos años?

No se me escapan las causas. Las últimas estadísticas aconsejaban su soterramiento, porque quienes viven bajo su influjo padecen con más facilidad leucemia o el linfoma de Hopkins (el famoso informe Wertheimer-Leeper ha sido escuchado finalmente). Prevalece la razón y los potentes campos electromagnéticos emanados por la alta tensión caen ahora bajo dominios ctónicos.

Otros dioses han caído: pero yo recuerdo las tardes pasadas en la subestación eléctrica, preguntando sin cesar a los técnicos; recuerdo (puedo sentirlo ahora mismo en las manos) el tacto de los aisladores en cadena, de vidrio o de cerámica; yo me recuerdo (Je me rappelle) de niño, erguido bajo las torres de alta tensión erguidas, escuchando con atención la canción de la electricidad al encontrar la resistencia del cobre y tratando de descifrar sus voces mútilples…

Quotidiana, Animalismo02/01 /2008 12:14 am

Modalidad bien conocida en lo relativo a la compra es el hacerlo a plazos. Según este modelo, la venta se efectúa incluso cuando la mercancía supera una cantidad que es tan gravosa que uno no puede pagarla de inmediato. Para evitar que el cliente potencial se lo piense dos veces mientras está ahorrando durante varios meses hasta tener la cuantía del importe de la mercancía a adquirir —corriendo el riesgo el vendedor de perderla transacción al recuperar el comprador el uso de su serenidad tras el más que probable ataque publicitario—, el vendedor ofrece la posibilidad de realizar el pago en varias sesiones (de ordinario, una vez al mes) hasta satisfacer el importe final, pudiendo este cliente llevarse la mercancía como si estuviese ya pagada.

Hasta aquí, el análisis no ofrece problemas. Entendemos tanto el riesgo económico que corre el vendedor (al asumir la posibilidad del impago) como el no menos preocupante riesgo ético en el que se puede incurrir (al impulsar a otras personas a comprar algo para lo que no tiene dinero suficiente). El caso se torna espinoso sin embargo cuando es un ser sintiente el que es vendido como mera mercancía. Y si no, compruébese el impacto que sufre el viandante cuando se encuentra con un cartel anunciador de semejante laya:

¿Perros pagados a plazos? ¿Acaso no suena demasiado hiriente su transformación en mercancía, su entrada en el mundo de las leyes del comercio?

Pero hemos de ser honestos y no escandalizarnos por la modalidad de pago, que al fin y al cabo, lo mismo dará para el animal que es vendido, sino ante el hecho mismo de su transformación en mercancía. O por decirlo de otro modo: lo repugnante, lo rechazable del comercio de esclavos humanos no era que el esclavista pagase antes o después por una persona: era que, a cambio de dinero, pretendiese poseer nada menos que a un individuo. Nos han enseñado, nos han habituado a ver las tiendas de animales —cuesta incluso escribirlo— como algo normal, como algo acerca de lo que sería irrelevante emitir un juicio ético. Y sin embargo, parece que no han hecho bien del todo su trabajo, porque algo nos taladra cuando leemos ese pago a plazos. Algo de lo que de bueno hay en nosotros se nos revuelve por dentro y grita a voces:¿Pero cómo es posible tal infamia?

Quizás es que un hecho, no por ser habitual, deja de ser más injusto. Para comerciar con losas de marmol, con joyería o con tornillos es posible que no sea apropiado pensar si es justo o injusto (al menos, dentro de lo que se refiere al producto en sí). Pero el caso que nos ocupa, y hemos de admitirlo,es bien distinto. Aquellos que aceptan este comercio como lo más normal del mundo, han tenido que llegar al convencimiento de las siguientes (y arbitrarias) proposiciones, que forman parte del legado de toda sociedad humana:

  • Los humanos son superiores a los no humanos.
  • Los animales nos pertenecen.
  • Han nacido exclusivamente para servirnos.
  • No tienen intereses propios.
Sólo creyendo estos cuatro puntos, cualquier persona podrá pasar ante el cartel sin mostrar ni rubor ni una martilleante incomodidad.

Me recuerdo a mí mismo siendo así.

Quotidiana01/01 /2008 12:12 am

Esposas empleadas en esclavos

Un apunte final en este año que se nos desliza por entre los dedos. Regresando a casa, me topo con dos individuos, que quizás rondasen los sesenta y cinco años. En un rasgo muy español, uno corta el discurso de su compañero negándolo:

«Nada de eso. Sólo hay una verdad en la vida… Trabajar para comer y comer para trabajar. Y ya está

Atención a su comentario, que no tiene desperdicio. Me deja preocupado semejante visión de la vida que se abre ante nosotros, tal reducción más propia de la vida de un esclavo que de la de pequeño-burgués que aparenta el autor de semejantes frases.

Doce en punto. Se acabó. ¿Quizás este año ese hombre pensará distinto? ¿Amará la vida más allá de esa pobrísima función recursiva, de ese horroroso Eterno Retorno?

Pensamiento, Quotidiana30/12 /2007 3:09 pm

Sean dos árboles o una ramificación del mismo, la naturaleza del abrazo que sale del mismo corazón de las plantas es una de las imágenes más asombrosas de ansia por la cercanía que he visto nunca. Naturalmente, tal visión debe ofender a la Administración local o a las contratas de jardinería: sospecho que molestó a los primeros y envió a la mano ejecutiva de los segundos a cercenar este hermoso ejemplo de pura vida.

Pero la insistencia perdura más allá de la muerte.

Amor botánico más allá de la muerte: 01
Amor botánico más allá de la muerte: 02
Amor botánico más allá de la muerte: 03