Los Maestros Cantores de Turín
El 21 de junio de 1868, Richard Wagner estrenó, en el el Königliches Hof und Nationaltheater de Münich, la ópera Die Meistersinger von Nürnberg (Los Maestros Cantores de Nuremberg). Esta obra extraordinaria en su longitud y concepción orbita en torno al gremio de cantores de esa ciudad, debidamente constituídos y depositarios de un saber tradicional, y la pugna estético-artística que mantienen con Walther Stolzing, un revolucionario cantor que ha aprendido el arte de la música de la mano de la primavera del bosque y el canto de las aves. Al final del tercer acto, Hans Sachs, zapatero y cofrade, entona los siguientes versos, que recogen el espíritu de los Maestros Cantores y, por ende, el mensaje a difundir de Richard Wagner con respecto al arte alemán:
Habt Acht!
Uns dräuen üble Streich:
zerfällt erst deutsches Volk und Reich,
in falscher welscher Majestät
kein Fürst bald mehr sein Volk versteht,
und welschen Dunst mit welschem Tand
sie pflanzen uns in deutsches Land;
was deutsch und echt, wüßt keiner mehr,
lebt’s nicht in deutscher Meister Ehr.
Drum sag ich Euch:
ehrt Eure deutschen Meister!
Dann bannt Ihr gute Geister;
und gebt Ihr ihrem Wirken Gunst,
zerging in Dunst
das heil’ge röm’sche Reich,
uns bliebe gleich
die heil’ge deutsche Kunst!
¡Tened cuidado, se ciernen
sobre nosotros grandes males!
Si el pueblo y el imperio alemanes,
decayeran bajo una extraña Majestad,
ningún príncipe velaría por su pueblo:
y modos de extranjera trivialidad
brotarían en la alemana tierra.
Nunca nadie sabría lo que es alemán
si no alentase del honor
de los maestros alemanes.
Os digo, pues, de nuevo:
¡Honrad a los maestros alemanes,
y conjuraréis a los buenos espíritus!
¡Y si os mostráis fiel a su influjo,
aunque se esfume como el humo
el Sacro Imperio Romano Germánico,
siempre existirá floreciente
el Sacro Reino del Arte Alemán!
Ni que decir tiene —la historia es harto conocida— el empleo torticero que los nazis hicieron de estos puntos del Meistersinger, al exagerar por un lado el antiacademicismo de Walther y por otro, al hacer que la extraña majestad levantase los demonios del Gran Miedo a la dominación extranjera. El Arte Alemán, que debían defender ellos mismos a base de aniquilarlo, estaba amenazado por las influencias exógenas, aunque (paradójicamente) la amenaza se haya de tomar demasiado a pecho, ya que bliebe gleich (siempre florecerá).
Por esa defensa desatada de la pureza de lo alemán frente a lo extranjero, resulta curioso y divertido escuchar una particular grabación de esta obra, que recoge la representación dada el 8 de Febrero de 1962 en el Auditorium della RAI de Turín, porque los maestros, Walther, David, Hans Sach, Magdalene, Eve y el Volk mismo han decidido expresarse en la lengua de Dante en una ópera que acabó llamándose, por obra y gracia de la traducción, nada menos que I Maestri Cantori (hasta aquí la cosa ya es extraña, pero continúa) …¡di Norimberga!
Qué hubieran pensado los iniciales maestri cantori de Münich si hubiesen llegado a escuchar esto…
