Ora l’autunno guasta il verde ai colli,
o miei dolci animali. Ancora udremo,
prima di notte, l’ultimo lamento
degli uccelli, il richiamo della grigia
pianura che va incontro a quel rumore
alto di mare. E l’odore di legno
alla pioggia, l’odore delle tane,
comè vivo qui fra le case,
fra gli uomini, o miei dolci animali…
Questo volto che gira gli occhi lenti,
questa mano che segna il cielo dove
romba un tuono, sono vostri, o miei lupi,
mie volpi bruciate dal sangue.
Ogni mano, ogni volto, sono vostri.
Tu mi dici che tutto è stato vano,
la vita, i giorni corrosi da un’acqua
assidua, mentre sale dai giardini
un canto di fanciulli. Ora lontani,
dunque, da noi? Ma cedono nell’aria
come ombre appena. Questa la tua voce.
Ma forse io so che tutto non è stato.
Salvatore Quasimodo, Giorno dopo giorno (1947)
Ahora el otoño corrompe el verdor de las colinas
oh mis dulces animales. Aún oiremos,
antes de la noche, el último lamento
de los pájaros, la llamada de la gris
llanura que sale al encuentro del rumor
elevado del mar. Y el olor a madera
en la lluvia, el olor de las madrigueras,
qué vivo es aquí entre las casas,
entre los hombres, oh mis dulces animales.
Ese rostro de ojos que se mueven lentos,
esta mano que en cielo señala el lugar
donde retumba el trueno, son vuestros, oh mis lobos,
mis zorros quemados por la sangre.
Cada rostro, cada mano, son vuestros.
Tú me dices que todo ha sido en vano,
la vida, los días corrompidos por un agua
asidua, mientras sube de los jardines
un canto de niños. ¿Ahora ya lejanos
de nosotros? Mas se apagan en el aire,
como sombras apenas. Esta es tu voz.
Pero acaso yo sé que todo esto no ha sido.
Salvatore Quasimodo, Día tras día (1947)