Desprovistos de armadura pero repletos de la fuerza de la locura, tanto Orlando como Yvain, caballeros andantes, arrancaban árboles en los bosques lejanos, alejados de los hombres. Otro caballero andante, que creía a ratos llamarse Alonso Quijano, intentó lo mismo con un molino manchego —y fracasó. Durante días, los ejércitos del rey Claudas estuvieron demoliendo la última torre del castillo de Ban de Benoic, padre de Lancelot. A la cabeza me vienen los tratados de poliorcética antigua y toda esa maquinaria pesada y terrible que empleaban los ejércitos del rey de Macedonia. Mas… ¿Qué caballero o qué ejército ha podido echar por tierra de un manotazo la torre de alta tensión que llevaba viendo tantos años?
No se me escapan las causas. Las últimas estadísticas aconsejaban su soterramiento, porque quienes viven bajo su influjo padecen con más facilidad leucemia o el linfoma de Hopkins (el famoso informe Wertheimer-Leeper ha sido escuchado finalmente). Prevalece la razón y los potentes campos electromagnéticos emanados por la alta tensión caen ahora bajo dominios ctónicos.
Otros dioses han caído: pero yo recuerdo las tardes pasadas en la subestación eléctrica, preguntando sin cesar a los técnicos; recuerdo (puedo sentirlo ahora mismo en las manos) el tacto de los aisladores en cadena, de vidrio o de cerámica; yo me recuerdo (Je me rappelle) de niño, erguido bajo las torres de alta tensión erguidas, escuchando con atención la canción de la electricidad al encontrar la resistencia del cobre y tratando de descifrar sus voces mútilples…

Quotidiana03/01 /2008 12:14 am
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