Trabajar para vivir, vivir para trabajar

Un apunte final en este año que se nos desliza por entre los dedos. Regresando a casa, me topo con dos individuos, que quizás rondasen los sesenta y cinco años. En un rasgo muy español, uno corta el discurso de su compañero negándolo:
«Nada de eso. Sólo hay una verdad en la vida… Trabajar para comer y comer para trabajar. Y ya está.»
Atención a su comentario, que no tiene desperdicio. Me deja preocupado semejante visión de la vida que se abre ante nosotros, tal reducción más propia de la vida de un esclavo que de la de pequeño-burgués que aparenta el autor de semejantes frases.
Doce en punto. Se acabó. ¿Quizás este año ese hombre pensará distinto? ¿Amará la vida más allá de esa pobrísima función recursiva, de ese horroroso Eterno Retorno?