No sé qué nombre tenía en su infancia o juventud; seguramente no le traería buenos recuerdos siquiera que lo pronunciase. Ahora se llama de otro modo, con un nombre que inventó para sí misma y que no voy a escribir para evitar mancillarlo de literatura. Deduzco que su vida anterior fue dura y estuvo marcada por la violencia extrema y la exigencia. Hay ciertos gestos más o menos evidentes que así me lo muestran: si, a su lado, levanto una mano con rapidez, ella inclina casi impeceptiblemente la cabeza y un aleteo nervioso recorre sus párpados. Los repentinos picos sonoros la inquietan. Briznas de ansiedad recorren su cuerpo cuando brama por sorpresa un camión o un plato se estrella accidentalmente contra el suelo. Nunca puse el Mahler de Kondrashin estando con ella. Nunca Allan Pettersson.
Cuando la conocí, se estaba recuperando de una doble intervención quirúrgica. Era valiente hasta el asombro. No había en sus ojos amargura alguna por el dolor, ni pude detectar el desánimo por no poder moverse como le hubiese gustado. ¿Qué vi en ellos? Pensé, sin mucha lógica, en el reflejo ambarino y dulce de las ciruelas cuando las ilumina el sol de la primavera. Fue muy fácil entablar contacto con ella. Fue muy fácil tomarle cariño. Fue casi inevitable quererla. Pruna (ciruela en català) fue desde entonces para mí.
Pruna, fuente de alegría y de ternura…¿dónde estás hoy? Te me has alejado, y de ti sólo me van quedando los elementos de la memoria: tu pelo castaño o de oro viejo irrandiando luz contra el cielo calcinado, el querer que tenías a tu amiga que ahora vive en Holanda, las plácidas tardes que pasábamos juntos entre caricias. Me dicen que ahora —mientras escribo—marchas por la carretera de Córdoba… y me asusta que poco a poco, la Pruneta que vive en mis recuerdos se me aleje de la misma manera. Se insertará el error en tu imagen; quizás no rescate bien tu expresión y la corrija inconscientemente con algún rasgo ajeno, o la mezcle con alguno de los de tus amigas. Temo que tu belleza se me desvíe por otros derroteros y termine pensando en una construcción que no eres tú. Qué escribirte en esta mañana en la que no estás cerca. Había tanto que decirte y que no te dije…
siempre es así, cuando la gente se va, sea del modo que sea, hay un punto en el cual el olvido se instala en su imagen y nos la va borrando, distorsionando lo que fue, y dejando que entren detalles inventados o soñados. Un día te despiertas y te obsesionas tratando de evocar como era su exacto tono de voz al decir tal o cual cosa y no lo encuentras, es imposible…
Sólo queda resignarse y suspirar. Nuevas voces llegarán para instalarse, mas frutas y cosas que no nos callaremos en el momento adecuado.
bicos
Comment de srta desconocida — 14/03 /2007 @ 10:33 pm
Siempre queda una imagen, aunque sólo sea una, pero tarda en aparecer, un día de repente la ves con claridad, y es lo que te queda para siempre. Yo recuerdo tu cara sonriente mirándome.
Comment de Maite — 30/03 /2007 @ 4:31 pm
Y a mi, que la Pruneta me parece una gata…Los mismos ojos, los mismos que éste de aquí.
Comment de ella — 07/04 /2007 @ 11:24 pm
Casi das en el clavo, Ella.
La Pruna es una preciosa podenca que tuve cerca durante un breve lapso de tiempo. Lo que son las cosas; no por más breve la quise menos, ni ese amor que le tengo se me borra.
Saludos
Comment de Robertokles — 08/04 /2007 @ 5:14 am
(Antes, me llamaba usted de usted, señor. Debo entender que me tiene mas confianza ahora? Me gustaría. Se me hace raro que me tutee). Yo tengo un animal recogido de la calle, bueno dos, y no se me enturbia en nada el amor que les tengo a ambos.
Comment de ella — 08/04 /2007 @ 4:00 pm
Vaya por Dios, un caballo, y yo pensando… en qué estaría yo pensando…
Comment de Maite — 09/04 /2007 @ 12:43 pm
Empleo indistintamente las fórmulas usted y tú, Ella, sin que una socave la confianza ni la otra mine el respeto. El cambio de una a otra y la vuelta a la anterior es una constante de mis participaciones en la Red. ¿Confianza? Claro que sí, de eso no hay duda.
Es sabido que una podenca es una perra y nunca una yegua. Pequeño lapsus scripturae, supongo. Suele pasar cuando se anda pensando en otra cosa: en sonrisas, en mentiras, o incluso en cabronadas, por escoger algunos elementos al azar.
Saludos
Comment de Robertokles — 09/04 /2007 @ 8:04 pm