Es acuciante que se establezca una nueva fuente de enseñanza: habría de ocuparse de la región que separa la demostración de interés por otra persona del agobio que puede causar. Sería una ciencia sutil capaz de formular las miles de variaciones posibles que se desvían de la norma general. Mejor aprender de memoria que dejar estas cosas en manos de la (siempre falible) intuición.
Pisadas que aplastan jardines. Oídos que, entre el estruendo de la sinfonía del dolor y de la urgencia, no captan la suave melodía de lo correcto.
El árbol de la vida y el árbol de la ciencia jamás se encontrarán, no porque estén lejos el uno del otro sino porque están demasiado cerca, mirándose, cada uno con las raíces apegadas a la tierra que los nutre. No queda otra que aguzar más el oído y, con una nota aquí y otra allá, intentar componer una nueva melodía.
Comment de esther — 26/02 /2007 @ 6:02 pm