Michel Bernstein, productor del sello Arcana

Cara a cara, sólo lo vi una vez. Me lo presentaron: anciano que se apoyaba con ternura en el hombro de su nieto y con unos deslumbrantes ojos azules, vivos, inteligentes, absueltos de cualquier edad. Por supuesto, yo ya sabía que estaba ante una leyenda del mundo fonográfico, y la impresión fue similar que si me hubiesen presentado a Walter Legge o a John Culshaw; es decir, mayúscula. Quizás mayor todavía, porque la figura de ese pequeño judío parisino repelía las partes de suciedad que todo negocio tiene. Era, como sus grabaciones, impecable de aspecto y de fondo, un hombre admirable en su pasión por la música, en la firme decisión de continuar en este asunto moribundo más allá de toda expectativa de lucro, en los conocimientos que le prestaban medio siglo de dedicación a la grabación y distribución discográfica. Aquellos que alardean de no lucrarse cuando hacen sus numeritos piráticos por internet, aprendan lo que es de verdad un hombre íntegro.

Tengo como motivo de orgullo ser parte implicada en la edición de sus memorias. Cuando periódicamente llegaban a mis manos las entregas, corregía el texto más que para sorprender las erratas, para poder deleitarme leyendo aquellos fragmentos de recuerdos tan interesantes para el correcto entendimiento del panorama fonográfico francés desde los años 50 hasta la actualidad. Michel escribía bien, aunque escribiese como un anciano: sin demasiado rigor en lo estructural y dejándose abandonar por el río de la memoria, tan caudaloso y bravío en su cabeza. Era un buen comunicador al que se le perdonaba, por lo atrayente de su historia, los peligros de la digresión. Posteriormente, formateaba el texto y lo colgaba (qué verbo más indigno, que vale tanto para los pollos destripados como para el mejor de los textos) en la página que me ocupa las horas. Mes tras mes. Así, durante algo más de un año. Al alcance del curioso está ahora, si es que no lo ha visitado todavía.

Michel Bernstein era respetadísimo en Europa, Su talento ojeador (fue él quien estuvo al frente de los discos del Savall inicial, de los Kuijken, de Ton Koopman o de Hoppie Smith) era sólo comparable a su legendaria capacidad de construir sonidos transparentes, modélicos. Cuando tenía 18 años (harto ha llovido desde entonces, como llueve hoy) cayó en mis manos un disco de obras de piano para cuatro manos de Schubert, interpretada por Badura-Skoda y Demus. Tocaban un Bösendorfer imperial, modelo 290. Jamás —y no caigo en la exageración— he escuchado una producción semejante. El piano conserva perfectamente su homogeneidad tanto en tonos graves como en agudos. No hay esa famosa disociación que parece situar las diversas notas en planos distintos, como si estuviese siendo emitida por varios instrumentos diferentes. Aquí, la misma textura sonora, el mismo color, el terciopelo tímbrico, el mismo olor de la madera y el acero se mantiene indisolublemente unido. La nitidez estaba a la par de la naturalidad. Porque Michel Bernstein no fue un ingeniero amigo de los trucos sorprendentes o un adicto a mejorar las posibles deficiencias acústicas que toda producción sonora lleva aparejada. Más bien trataba, con la mayor humildad y modestia, de tratar de captar de la manera más natural posible, con el menor número de interferencias o mejoras, lo que se estaba produciendo en la sala de estudio, en la iglesia, o en el espacio que emplease para grabar. No hay que entender con esto que era un naturalista a ultranza. El trabajo de verificación tiene tanta parte técnica como artística. Y Michel era —como afirman aquellos que le conocieron bien— un verdadero enamorado del Arte de los pies a la cabeza.

Ahora los azulísimos ojos de Michel se han cerrado para siempre, y se cierra un capítulo más, uno de los más hermosos, en la producción discográfica. Uno teme por su legado y no sabe si Charlotte Bernstein continuará la labor que ambos hacían en su sello Arcana ¿Quién captará las bellísimas voces de La Reverdie? ¿Qué ocurrirá con los fondos grabados, el verdadero tesoro que durante toda una vida Bernstein estuvo guardando para nosotros y para las generaciones venideras?