Sviatoslav Richter: BBCL 4196-2: Obras de Robert Schumann (Papillons, Introducción y Allegro Appasionato para piano y orquesta) y Franz Schubert (Sonata para piano No. 21 D. 960)Tres son las obras que presenta BBC (BBCL 4196) del gran maestro Sviatoslav Richter. La primera de ellas es la Introducción y allegro appasionato con Britten y la English Chamber en Aldeburgh (16 de Junio de 1965) ha conocido previas y merecidas ediciones en AS Disc (329), Notes PGP (11026), Stradivarius (10024) o Music & Arts (CD-776). Muy hermosa lectura, no por ser conocida menos interesante. Este pianista, que no daba lo mejor de sí en su faceta concertística («Tiende a aplastarte en lugar de a colaborar contigo», recordaba un divertido Gennadi Rozhdestvenski) tiene aquí su día lúcido, quizás por contar en el podio con un director de fuerte personalidad al tiempo que un amigo (Benjamin Britten, por supuesto). La interpretación de Richter no se desmanda, no dispara su potencia y se muestra, a despecho de los comentarios del director moscovita, perfectamente soldada con sus compañeros musicales. La English Chamber Orchestra, en los días en los que una orquesta británica era signo de seguridad, se muestra correcta y solvente, acompañando con seguridad al solista.

La segunda y la tercera presentadas son rigurosa novedad discográfica, cosa que dará no pocas alegrías a los adictos al pianista ucraniano.

No son muchas las versiones de los Papillons de Schumann que tenemos por Sviatoslav Richter. A decir verdad, mi base de datos sólo contiene la grabación italiana de Octubre-Noviembre de 1962, publicada hasta la extenuación por EMI, tanto en vinilo como en disco compacto y por algunos sellos menores subsidiarios o piráticos. Habrá que sumar por tanto este nuevo descubrimiento discográfico. Procede de una toma en el Royal Festival Hall de Londres el 27 de Enero de 1963 (1) . Estas pequeñas piezas, mariposas (papillons) revoloteantes del teclado y de la música poseen toda la fuerza, toda la desbordante imaginación, la fantasía y la claridad de aquella obra que un veinteañero Schumann compuso para que interpretase Clara Wieck, tan joven como consumada pianista. El rubato y el correcto entendimiento del humor inscrito en el corazón de estas piezas calentarán al oyente de la misma manera que se caldearon las manos londinenses al final de la pieza: la salva de aplausos final, no cortada en la producción es digno broche para esta interpretación modélica y absolutamente imprescindible, que se coloca de un salto entre las mejores de la obra. Uno no puede dejar de sentir un poquito de indignación: ¡Cómo no se ha publicado antes!

Finalmente, tenemos el plato fuerte: una Sonata para piano No. 21 en Si bemol Mayor, D. 960 de Franz Schubert, grabada en la Iglesia Parroquial londinense durante el festival de Aldeburgh el 27 de Enero de 1963 (esto es, un año antes de la conocida toma del 20 de Junio de 1964 en la misma ciudad y festival). La apuesta que Richter hiciese en su día por las sonatas de Schubert — que no habían ocupado su verdadero lugar en repertorio pianístico— ha convertido su lectura en referencial, incluso a pesar de su heterodoxia. En concreto, es marca de la casa el morosísimo desgranar del Molto moderato, donde el gran mago del piano que era el ucraniano combina un manejo de los tempi que va más allá de toda expresividad. No se queda Richter en la elección de un tempo, digamos, base, sino que va variando a veces casi de compás en compás, pasando de sobrecogedoramente lentos a súbitos acelerandos y volviendo a retardos de nuevo, moldeando así el magma musical de la sonata. La variedad de ataques, el uso magistral del pedal o el empleo del legato, son puestos en juego para conseguir al tiempo variedad y unidad estructural. La riqueza de la lectura richteriana es enorme, sólo comparable con sus propias interpretaciones. La expresividad o la capacidad de comunicación con el oyente quedan así sobrepasadas hasta aquellas alturas trascendentes deseadas por Liszt. Richter tenía la rara virtud —en ocasiones— de disfrazar sus interpretaciones una sencillez prístina, pero…¡qué innumerables estratos contiene! A través del lento escandir de las notas, de discurso ligado, las voces se separan y se articulan con alucinante claridad, sometiendo al oyente a la prueba de contemplar la brillante luz del espíritu de la obra.Toda esa sensación queda fuertemente contrastada, sacudida en el Scherzo y el subsiguiente Allegro final, en los que el pianista elige un tempo suficientemente veloz que parece más ligero aún por la bruma de la languidez que ha tejido en los movimientos anteriores. Entre las profundidades beethovenianas iniciales y la ligereza vienesa final se construye una indisoluble unidad, tan variada (y bella) como en el Renacimiento se definía a la Naturaleza: bella en la misma variedad de sus partes.

La toma sonora es suficiente o mejor que eso, razonablemente buena. Como es natural en toda toma en directo, el oyente notará cierto nivel de ruido (toses y carraspeos); hago este comentario porque en las notas que acompañan al disco se pide disculpas por ciertas «deficiencias» sonoras provenientes de ruidos de fondo —el rodar de automóviles en concreto. Advierto que me ha costado el empeño de varias escuchas para terminar de discernirlos; entiéndase por tanto que no distraen o interrumpen el devenir musical, y que uno sólo puede admirarse de la disculpa de los productores británicos que escribieron con cierta pesadumbre que no habían podido eliminarlos totalmente. Dice mucho de una honestidad y franqueza no demasiado extendida en los tiempos que corren.

Como resumen: un disco de excepcional interés, tanto por las novedades discográficas que presenta como por el nivel alcanzado, propio de un Sviatoslav Richter en plena forma y dominio de sus facultades musicales.

Nota:

1. Aquel día, Richter interpretó, en un programa que incluía tanto a Schumann como a Chopin, las Variaciones ABEGG y el Carnaval de Viena del alemán, mientras que eligió la Polonesa-Fantasía opus 61, algunos estudios del opus 10, y la cuarta balada del opus 62. Ignoro por qué no se han incluído esta sesión al completo. Quizás el estado de las cintas no es satisfactorio, algo que cuesta creer si se escucha el más que buen sonido de los Papillons presentados; pero como la conservación muchas veces depende del más estricto de los azares, es mejor no aventurar demasiado.