Monique de la Brucholerie: InéditosQuienes la conocieron dicen que era un volcán: una dama de fuego que, sentada al piano, podía provocar ondas de energía tales que abrasaban piano y partitura e iluminaban con sus llamas las salas de los auditorios. Que, desmintiendo sus plácidos retratos fotográficos, ese fuego envolvía un verdadera bestia musical, un espléndido animal de concierto creado para irradiar el feroz amor por la música y transmitirlo con una potencia inaudita. Que esa sorprendente potencia y el fragor técnico que exhibía no fueron justamente valorados en su Francia natal, pero que en Alemania ni el mismo Jean Casadesus, pianista sagrado y consagrado, podía hacerle sombra. Que el destino hizo caer sobre ella otra sombra tras matarle el brazo izquierdo en un accidente de tráfico -maldito sea mil veces el auto- en 1966. Que tuvo su otra muerte, la que computan, en 1972. Y que desde entonces casi se ha borrado su recuerdo.

Ha sido la viva memoria del sello INA la que recupera y relanza el torrente sonoro de Monique de la Bruchollerie publicando registros inéditos de la pianista. Resume los valores artísticos de la francesa su interpretación de la Sonata de Henri Dutilleux, tan distinta a la que estrenase la mujer del compositor, Geneviève Joy. Dicen -de nuevo- que el propio Dutilleux quedó asombrado cuando escuchó el discurso rítmico y expresivo que De la Bruchollerie había incorporado a su Sonata, pero que reconoció que esa lectura insospechada carecía de capricho, que era fruto de una irresistible (y muy particular) lógica y que la veracidad musical de De la Bruchollerie estaba más allá de toda discusión. Provocar semejantes palabras alejan a la Bruchollerie del Reino del Rumor instalándola con honores como ciudadana de la República de la Verdad. Puro fuego, fantasía y sensibilidad.