En casa, a un volumen muy moderado, se desgrana la Hammerklavier, el ejemplo absoluto de la literatura para piano. Luego, aparecen los enormes truenos más allá de los ventanales y se produce una inesperada mezcla de sonido. Sorprendido por la conjunción, voy a llamar a Isabel para que lo escuche. La llamo suavemente por el pasillo y no responde. Sonrío: ella está en la habitación, rendida por el sueño de la media tarde. Apenas le hago una caricia leve para no despertarla. Vuelvo a la habitación. El susurro del viento se ha unido a esta particular agrupación camerística. Estoy consciente y discrimino sin problemas, disocio la música de los elementos externos a ella, pero Isa… ¿Qué escuchará ella —me pregunto— entre las colisiones de Si
y Si
, sumida como está en los vapores de ensueño? ¿Se integrarán los profundos desarrollos beethovenianos en aquello que sueñe? ¿Escuchará el fragor del trueno y quedará prendido también, como un novedoso elemento percusivo, dentro de lo que escuche?
Literatura29/09 /2006 1:33 am