Me dicen que echarle guindas al pavo es lo mismo que decir echar margaritas a los cerdos (desperdiciar algo con alguien que no lo aprecia). Debían de ser tiempos duros aquellos en los que los pavos se valoraban menos que las guindillas, cuando los mineros asturianos tenían firmado en convenio que el patrón -que debía facilitarles la comida- no les daría salmón para comer más de tres veces por semana. Hoy, vistos los precios del mercado, me parece que no tenemos la misma escala de valores.

Ya que Settembrini nos dejó la inquietud por la muerte de Imperio Argentina en Dos señoras, quiero recordar aquella infausta canción con que se me torturaba de pequeño, y que se llama del mismo modo que el refrán. Con música (es un decir) de Juan Mostazo y letra de Ramón Perelló, la canción viene a jugar con el sentido de las “guindas” como alimento, y el sustantivo derivado del verbo “guindar” (en caló, “robar”).

Sin embargo, parece que Perelló no conocía las acepciones clásicas que recogen los viejos diccionarios de germanía (o habla de los bajos fondos desde el XV en adelante). Según  Hidalgo, en su obra Poesías de germanía, “guindar” vale por “aquejar o maltratar”, que también compulsan las viejas ediciones de el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE); Añadir que, como se ve en el Buscón de Quevedo, se puede verter por “izar”, y metafóricamente, por “ahorcar”.   Pero aquello que cité en primer lugar (lo de robar) parece ser la única gracia de esta canción hecha para los españoles, que por lo general, son sujetos bastante sosos, y muy dados a atribuir todos los desmanes sociales a los extranjeros o a otros pueblos. La letra es la que sigue:

Huyendo de los civiles (1),
Un gitano del Perchel (2),
Sin cálculo ni combina (3),
¡Que donde vino a caer!
En un corral de gallinas,
¿Y qué es lo que allí encontró?,
Pues una pavita fina
Que a un pavo le hacía el amor.

Saltó la tapia el gitano,
Con muchísimo talento
Y cuando se vino a dar cuenta,
Con un saco estaba dentro.
A los dos los cogió,
Con los dos se najó (4),
Y el gitano a su gitana
De esta manera le habló:

Échale guindas al pavo,
Échale guindas al pavo,
Que yo le echaré a la pava,
Azúcar, canela y clavo,
Que yo le echaré a la pava,
Azúcar, canela y clavo.

Estaba ya el pavo asao,
La pava en el asador
Y llamaron a la puerta,
Verá usted lo que pasó
Entró un civil con bigote (5),
¡Ozú, que miedo, chavo! (6)
Se echó el fusil a la cara
Y de esta manera habló:

A ver donde está ese pavo,
a ver donde está esa pava
porque tiene mucha guasa (7)
Que yo no pruebe ni un ala.
Con los dos se sentó,
Con los dos trajeló (8)
Y el gitano a la gitana
De esta manera le habló:

Échale guindas al pavo,
Échale guindas al pavo,
Que yo le echaré a la pava,
Azúcar, canela y clavo,
Que yo le echaré a la pava,
Azúcar, canela y clavo.
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Notas:

1. Civiles. La Guardia Civil. En origen, un cuerpo de orden rural con particular afición por maltratar a los gitanos.
2. El Perchel o los Percheles es una reunión de malhechores, pero en este caso, hace referencia a un barrio de pescadores en Málaga, situado fuera de las murallas, y más allá del Guadalmediana. Sus habitantes tenían fama de bravos y de vivir fuera de la ley.
3. Sin haberlo premeditado.
4. Najarse, o Salir de najas es huir corriendo.
5. Parece que la iconografía popular suele pensar a los guardias civiles como hombres con bigote. El bigote, al menos en España, está asociado al autoritarismo más rancio.
6. “¡Ozú!” o “¡Osú!” son interjecciones andaluzas que suelen expresar sorpresa. Chavo es muchacho, joven: se emplea actualmente en algunos países de Hispanoamérica (al menos, que yo sepa, en Venezuela era común no hace mucho).
7. Tener mucha guasa: de nuevo, es andalucismo. Quiere decir que algo es muy gracioso, pero se emplea con frecuencia con ironía para significar lo contrario.
8. Trajelar: Hartarse de comer y, muy frecuentemente, de beber. Traer traje de uvas es ir embriagado. No sé si sería correcto derivar la primera de la segunda.