Presenta Agustín García Calvo una traducción de 47 de los 2269 (!) sonetos que Giuseppe Francesco Antonio Maria Gioachino Raimondo (Giuseppe Gioachino, para los amigos literarios) Belli (1791-1863) escribiera en su particular dialecto romano. Durante veinte años de su vida, este bon vivant con vocación de poeta, protegido por la capacidad económica de su esposa, estuvo en relación con las fuerzas vivas del Romanticismo italiano radicado en Milán. Quizás de Carlo Porta, atento al dialetto de su tierra, tomó la idea de hacer un monumento di quello che oggi è la plebe de Roma. Aquí tenemos la primera muestra de la consciencia de Belli acerca de la naturaleza proteica de los dialetti italianos; no vigilados entonces (ni ahora, por las noticias que tengo) por ninguna Accademia superior con intenciones normativas o reguladoras, mostraron tal feracidad y tal viveza en su devenir, que el poeta sólo puede decir oggi (hoy).
Desde luego, por lo que puedo comprobar a la vista de estos sonetos, el oído de Belli tendía a lo sobrehumano. Captar los casi infinitos modi di dire e di pensiero que el pueblo de Roma tenía en el siglo XIX se transformó en su tarea fundamental, a la que se dedicó con ahínco. ¿Es eso? ¿Es sociológico el interés de Belli por reflejar en sus versos el habla inculta de sus conciudadanos? ¿Hemos de entender la desvinculación de su pensamiento con los (divertidísimos) ataques que contienen sus sonetos, que arremeten contra el Poder, contra el Papado o incluso contra Dios? Tradicionalmente se ha entendido así. Giuseppe Gioachino Belli, el censor artístico que prohibió la difusión de las obras de Shakespeare por razones morales, el reaccionario colaborador con un gobierno que dejaba al de Metternich a la altura del zapato no podía padecer semejante esquizofrenia. Desde aquí, la cosa no me parece ni tan clara ni tan evidente. Dos mil sonetos son dos mil sonetos; extraña parece una capacidad semejante para versificar las ideas del enemigo.
Belli ha de crear, para trasladar las burlas de la plebe al refinado marco del soneto, toda una ortografía romanesca a fin de adecuarla a su realidad sonora. Así, las reduplicaciones (il raddoppiamento) consonánticas iniciales exceden las prescritas para el romanesco. Las oclusivas bilabiales (/p/ y /b/) reduplicadas se acompañan ahora de los sonidos dobles /c/, /d/, /n/, /g/ o incluso /z/ (1). Pueden convivir algunas formas duplicadas con las más habituales en el italiano oficial, a veces en el mismo verso (sora y ssora) Las deformaciones gráficas, que tratan de captar la deficiente (en este caso, peculiar) emisión popular muestran retuercen las palabras (cuscina por cucina; nun concrude por non conclude; faccenna por faccenda, etc), o emplean variantes privativas del romanesco (pupo por puttino —niñito—; côrto por colpito —golpe—).
Ante la pobreza dialectal del castellano, el traductor ha de buscar una manera de trasladar al español estas variantes con respecto al italiano oficial. Visto que, como confiesa, ninguna de nuestras regionalidades peninsulares o insulares tiene la divergencia suficiente, opta por emplear un lenguaje popular, hasta populachero que en gran parte de las ocasiones consigue el propósito de conferir a los versos un sentido similar al que tuvieron tanto en su día como en la actualidad. Claro que en ocasiones, y tal como reconoce el propio Agustín, (…) en muchos casos la versión se aparta tanto del original (…) que nadie la llamaría una traducción, llegando a decir, con una divertida inocencia que esas mismas divergencias han hecho que la formulación ha salido más graciosa o justa que la del propio Belli, porque malilla ha de ser un traducción de versos que no resulte en alguno que otro mejor que el original. Son esas cosas del Calvo .
| La vita de cane | Una vida perra |
| Ah sse chiam’ ozzio er zuo, bbrutte marmotte? | ¿Conque un holgazán él, mala ralea? |
| Nun fa mmai ggnente er Papa, eh?, nun fa ggnente? | ¿Que no hace nada el Papa, eh? ¿No hace nada? |
| Accusí vve pijjassi un accidente | ¡Así se os atragante la tajada |
| come lui se strapazza e ggiorn’ e notte. | Como él de día y noche azacanea! |
| Chi pparla co Ddio padr’ onnipotente? | ¿Quién habla con Dios Padre? ¿Quién blanquea |
| Chi assorve tanti fijji de miggnotte? | tanto hijoputa echando arsoluciones? |
| Chi mmanna in giro l’innurgenze a bbotte? | ¿Quién despacha endulgencias a montones? |
| Chi vva in carrozza a bbinidì la ggente? | ¿Quién, bendiciendo, en coche se ajetrea? |
| Chi jje li conta li quadrini sui? | ¿Quién le lleva las cuentas de la bula? |
| Chi l’ajjuta a ccreà li cardinali? | ¿Quién le ayuda a buscar más cardenales? |
| Le gabbelle, pe ddio, nnu le fa llui? | ¿No es él, ¡sandiós!, quien crea cada impuesto? |
| Sortanto la fatica da facchino | ¡Sólo que fuera esa labor de mula |
| de strappà ttutto l’anno momoriali | de andar tò el año abriendo memoriales |
| e bbuttalli a ppezzetti in ner cestìno! | y, hecho trizas, tirándolos al cesto! |
Nota:
- De todos estos raddoppiamenti se puede tener ejemplo en Er Pupo (El niño pequeño), una auténtico tesoro hechos a base de onomatopeyas inverosímiles y términos infantiles de casi imposible traducción:
Che bber ttruttrù! Oh ddio mio che cciammellóna!
No, pprima fate servo a nnonno e zzio:
Fateje servo, via, sciumàco mio,
E ppoi sc’è la bbebbella e la bbobbôna.
Bbravo Pietruccio! E ccome fa er giudìo?
Fa aèo? bbravo Pietruccio! E la miscióna?
Fa ggnào? bbravo Pietruccio! E cquanno sona?
Fa ddindì? bbravo! E mmo, ddove sta Iddio?
Sta llassù? bbravo! Ebbè? e la pecorella?
Fate la pecorella a zzio e nnonno,
Eppoi sc’è la bbobbôna e la bbebbella.
Oh, zzitto, zzitto, via: nòo, nnu’ la vônno.
Eccolo er cavalluccio e la sciammella…
Eh, sse stranissce un po’, mma è ttutto sonno.
