Los situacionistas devienen de la crítica marxista de la cultura: su campo de acción natural es interrogarse el papel del hombre en la Sociedad de Consumo, en la que la Cultura no es sino una de las formas de comercio y espectáculo. Hijos de la Bauhaus imaginista, del grupo CoBrA (que renegaba de la autoría y del hiperespecialismo en el Arte), y del Movimiento Letrista (las lucubraciones de Isidore Isou, comprometido con el caos y derribo de los sistemas artísticos vigentes), tienen su apogeo en las fases prerrevolucionarias del (tan mitificado) Mayo del 68 francés.
Al ser un movimiento heterogéneo, en el que cabía tanto la crítica social como la creación (teorética) de una nueva estética, el resultado es variopinto. Uno tiene la impresión después de leer sus textos más importantes que el único nexo común es una invitación a la subversión, que va desde la llamada tibia a los estallidos más virulentos. Guy Debord y Raoul Vaneigem fueron ciertamente brillantes; pero en su constelación habitan muchas medianías. Es lógico: el firmamentos se compone de cuerpos más brillantes y otros que no lucen, eclipsados la luz de los anteriores. Sin embargo, la misma amplitud del movimiento, que quiere abarcar demasiado, y las características internas del mismo (antes integrador que sistema cerrado) hace que tengamos de ello una idea confusa si lo abarcamos como un todo.
Los textos debordianos revelan una preocupación por la falsedad de la sociedad de consumo, que tienta a los seres humanos con sus cantos de sirena que esconden el seguro naufragio de la vida. Ante esto, Debord incita a la rebelión contra esta falsedad que nos impide vivir una vida verdadera. La reinvindicación es al tiempo denunciativa y resistente. Al apelar a la propia responsabilidad para negarse a la colaboración contra la Dictadura del Consumo-Espectáculo, evita el mecanicismo de cierto marxismo, pero al tiempo, parece confiar demasiado en un sistema perceptivo exclusivamente individual, que hace de cada ser humano un ser autónomo sometido al Capital por mera dejadez personal, lo cual parece un tanto exagerado.
La vertiente más revolucionaria de la Internacional Situacionista se basa en su llamada a subvertir el orden para edificar situaciones nuevas libres de este miasma. No en vano, hablan de la construcción de la Nueva Babilonia de Constant (una ciudad en la que el homo ludens de Huizinga sea realidad); no olvidemos la atracción que el Situacismo supuso para los arquitectos.
Las contradicciones internas ponen fin al Situacionismo en 1972 con un texto de Debord. Pese a ello —a su muerte declarada—, sigue medianamente activa su influencia, y aparte de reconocer sus rasgos en filosofías posteriores (postestructuralismos, Nouveaux philósophes), se siguen publicando textos relativamente cercanos al Situacionismo: Amador Savater, el hijo del filósofo de la tele, anduvo durante un tiempo (no sé ahora, hace tiempo que no le veo) muy interesado en los textos situacionistas. Leímos en un grupo en la Facultad el libro de Debord que dejo más abajo.
La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967)
Acerca de Vaneigem
Sobre el situacionismo
Proyectos utópicos arquitectónicos (a propósito de la New Babilonia)
Situacionismo (en italiano)