Hoy vengo a hablaros de un texto distinto: el Lapis Satricanus (La Piedra de Sátrico). En su única página de piedra, hallada en un templo a Mater Matuta, consigna una inscripción votiva a Marte por parte ‘de los amigos de Poplio Valesio’. Sátrico (Satricum), ocupa lo que es hoy Borgo le Ferriere, a unos 60 kms. al sur de Roma. El lapis citado puede fecharse con certeza en torno al 500 ac. Está escrita en un latín arcaico en el que todavía subsiste el genitivo indoeuropeizante en –osio, tan similar al acabado en –oio en los versos homéricos.
iei steterai Popliosio Valesiosio suodales Mamartei
[Dedicado por los compañeros de Publio Valerio a Marte]
Este hallazgo, que puede parecer trivial para quien sea un lingüista histórico (poco le iba a descubrir, desde luego) o para los historiadores de la religión preocupados por el ascenso de la importancia de Marte en
esas fechas, contiene un dato sorprendente, que es el que ocupa (y entusiasma) a los historiadores de la Roma Arcaica. Es el mismo praenomen y nomen: Poplios Valesios.
Los estudiosos (y estudiantes: yo prefiero el proceso durativo) tenemosla tentación de relacionar a este Poplio Valesios (Publio Valerio) con el famoso Publio Valerio Publícola de la historia, ese que mencionan Dionisio de Halicarnaso, Livio y Plutarco, cónsul en la segunda elección tras la revuelta contra la monarquía de Tarquinio el Soberbio. Claro que quien así piense, debe explicar porqué los amigos (solades) le dedican una inscripción nada menos que en una ciudad vecina. ¿Acaso la influencia de Roma llegó, en fechas tan tempranas, hasta las tierras de Sátrico
No todos aceptan el hecho: Para los seguidores de Robert Ogilvie (A commentary on Livy, books I – V), la cuestión es clara: en la pg. 241, (comentario a II. 2.11) dice sin paliativos ‘P. Valerium: the consulship is false’ (naturalmente, Publio Valerio: el consulado es espurio), cosa que, bien mirada, tampoco tiene necesariamente que decir que la misma figura de Publio Valerio tenga que ser falsa, sino solo su consulado. Además, hemos de tener en cuenta que Robert Ogilvie publica su obra en 1965, y la addenda de la revisión está publicada en 1970, siete años antes de que pudiese siquiera hacerse eco del Lapis Satricanus, por
lo que es difícil saber si Ogilvie hubiese cambiado su postura de tener este dato a su alcance. Muy posiblemente,
no.
Georges Dumézil (Mito y Epopeya, vol. III: Historias Romanas, pgs. 265 et passim), aprovecha los comentarios de Ogilvie, pero se aparta taxativamente de él en muchos aspectos. Fundamentalmente, en su intención de cuadrar sus planes de la Triple Función indoeuropea, parece insertar la vida de Publícola en esa serie de lo que él llama ‘servicios paradójicos al Estado’, desdibujando a Publícola hasta convertirlo en un tema de mitología comparada. Si bien no llega a pronunciarse acerca de su existencia
(Dumézil está más preocupado por los modelos de narrar que de otra cosa), parece lícito suponer que no cree demasiado en ella.
Visto que gravitan serias dudas acerca de la autenticidad del consulado (o de la misma existencia) de Publio Valerio, el Lapis Satricanus ofrece una posibilidad de certificación; un tanto evanescente, es cierto, pero que se puede adecuar a ciertos modelos explicativos:
Hemos dicho que las fechas nos son favorables: tanto para Livio (Ab Urbe Condita, II. 16.7), como para Plutarco (Vida de Publícola, 23), Publícola muere rápidamente en el 503 ac. La primera pregunta que nos salta es saber qué demonios hace una inscripción en un templo de Sátrico. La ciudad, que parece que no perteneció a la Liga Albana (acerca de ello, la lista sintética que ofrece Plinio en Nat. His. III. 68-69), pero desde luego, sí a la Liga Latina (Dionisio de Halicarnaso, V. 61); nos aparece mencionada por primera vez en Livio en II. 39.3 como parte de las campañas de Coriolano al mando de los volscos, y donde se dice textualmente: ‘Después les quitó a los romanos Sátrico (…)‘. No sabemos en primer lugar si Sátrico era un aliado de Roma (Livio tiende a entender como posesión a las ciudades aliadas), una ciudad dependiente, o siquiera cuando se establece esta relación. A tenor del carácter de la ciudad, y el registro arqueológico, podemos colegir casi con seguridad que Sátrico era, en cualquier modo, independiente en época de Publícola, por lo que deberemos interpretar el lapis satricanus de otro modo.
Los sodales son parte importante de este modelo explicativo: ya se lleva insistiendo desde hace mucho tiempo en que la Italia Central del siglo VI ac. era el mapa de operaciones de una serie de band leaders (así en Momigliano; pero si él prefiere el inglés, yo volveré al italiano: llamémoslos condottieri) que, en mayor o menor medida, se vendían a la ciudad que mejor pagase sus servicios. Tales condottieri (aristócratas, al fin y al cabo) basaban su poder en el mandato de un contingente armado más o menos numerosos de clientes o sodales, desplazándose por las zonas de conflicto. Como mercenarios armados, su fidelidad era, cuanto menos, dudosa. Así se interpreta el caso de Coriolano, quien después de haber guerreado por los romanos, pasó a los volscos para guerrear contra Roma, y que en la Antigüedad era famoso por la numerosa facción de jóvenes que le seguía y por muchos clientes que se le habían unido con vistas a sacar provecho de los botines de las guerras (D. H., 7. 23). Stratian ekoision (líder de voluntarios) es en definitiva Coriolano en las Antigüedades Romanas 8. 12, cosa que, a decir de Lucien Gerschel es la indubitable señal del condottiero.
Del mismo modo tendremos que entender la llegada a Roma de Ato Clausio (Apio Claudio), quien en el 504 ac., a decir de Livio (II. 16.4)
(…) al verse presionado, él que era partidario de la paz, por los defensores de la guerra, y encontrarse en inferioridad frente a ellos, emigró desde Inregilius a Roma seguido de un gran número de clientes.
El gran número de clientes es concretado por otros autores, que lo elevan a nada menos que 5.000. Sea cual fuere el número, lo que nos queda claro es que era suficientemente alto.
A decir de Livio
se le concedió la ciudadanía y unas tierras al otro lado del Anio (…) a la que más tarde se incorporaron nuevos mienbros. (…) Apio fue admitido en el Senado y no tardó mucho en ser uno de sus principales.
El dato es, cuanto menos, generosísimo de la ciudad para con un hombre que, seguido de un buen número de sodales, propugna la paz. Parece más sencillo entender que, estando Roma como estaba envuelta en el maremagnum de las guerras sabinas, se contratan de alguna manera los servicios de Apio Claudio y su ejército de clientes. Del mismo modo que Coriolano (si aceptamos que éste era orihundo de Roma) terminará haciendo la guerra contra su patria, Apio Claudio no tarda en hacer algo parecido, siendo de ascendencia sabina y pasándose a Roma.
Para los historiadores latinos, Apio Claudio viene a Roma en vida de Publícola (en su cuarto consulado, para ser más exactos), por lo que el fenómeno, tratado con inocencia por parte de Livio, tuvo que ser frecuente en tales fechas, que es lo que ha defendido siempre Momigliano.
Anteriormente, tenemos el caso del episodio de Mastarna; los fragmentos de Claudio y un comentario de Tácito, Ann. IV. 65 nos muestran claramente esta parte de la Historia Antigua de Roma. En Claudio, en los desgraciadamente mutiladísimos fragmentos que nos han quedado de él, se puede leer como Caeli Vi | vennae sodalis fidelissimus (Mastarna, el más fiel de los compañeros [soladis] de Celio Vibenna) abandona Etruria con el ejército de Celio tras la muerte de éste (com omnibus reliquis Caelani exercitus), y que también es pagado por Tarquinio Prisco u otro de los reyes, a decir de Tácito, con el monte que antes se llamaba Querquertulano, y que se conoció bien pronto como Monte Celio (montem eum antiquitus Querquetulanum cognomento fuisse, quod talis silvae frequens fecundusque erat, mox Caelium appellitatum a Caele Vibenna, qui dux gentis Etruscae cum auxilium tulisset sedem eam acceperat a Tarquinio Prisco, seu quis alius regum dedit). Es decir, el mismo caso que el de Apio Claudio.
Que los condottieri tuviesen tierras en determinadas ciudades puede ser parte de un proceso de asimilación en un mundo donde la guerra se hacía más y más costosa, y donde un ejército privado podía sufrir la aniquilación (si entendemos así el episodio de los Fabios, quienes según la tradicción fueron destruídos casi en su totalidad en la guerra contra Veyes). El caso de Apio Claudio es clarificador, qué duda cabe: de antiguo condottiero sabino, pasa a ocupar una posición preeminente en Roma, sin que necesariamente hemos de hablar de la dominación de una ciudad por estos señores de la guerra (como intenta sugerir T. J. Cornell, Orígenes de Roma, pg. 177). La inclusión de Publio Valerio Publícola en el senado es una segura fuente de tensiones por ambas partes, pero se solventa mal que bien con su elección en cuatro consulados. No debemos necesariamente entender que la impresionante influencia que delatan los textos es en realidad el telón de una tiranía encubierta.
Si Poplio Valesio es en realidad Publícola, bien podemos entonces entenderle como un condottiero, fuese de origen romano o no, y que fuesen sus propios sodales los que en reconocimiento, ingresasen la inscripción a Marte, dios de la aristocracia militar. Son los compañeros (hetairoi, como los llama Dionisio de Halicarnaso) los que dedican esta inscripción, bien en vida de Publícola, bien al mando de otro señor como en el caso del ejército privado de Celio Vibenna. Los dedicantes no se reconocen a si mismos como romanos, como satricanos, como miembros de algún grupo étnico, o simplemente como ciudadanos: son sodales, dependientes de un caudillo guerrero independiente. Siendo así, si los entendemos como un grupo móvil desplazándose continuamente por las regiones de Italia central, queda explicado en parte el porqué de la ubicación de la inscripción.