Hace largos años que el etnomusicólogo Moyshe Beregovski (1892-1961) se dedicó a desenterrar, en sus publicaciones dedicadas al folklore ucraniano-judío, la música tradicional del país. Beregovski recorrió Ucrania por sus cuatro costados para componer un archivo fascinante que compilaba también las labores liminares de Shlomo Anski, otro gran etnomusicólogo. Con la Segunda Guerra Mundial y el espanto de la solución a la cuestión judía, esa música, esa vida y esa cultura, quedaron arrancadas de raíz no solo en Ucrania, sino en toda Europa del Este (1). El paciente archivo que compuso Beregovski se dispersó y se pensó perdido irremediablemente, bien por el asalto nazi, bien por el posterior secuestro soviético. Ahora, el Este ha quedado huérfano de esa luz que esplendía. En Europa occidental, apenas hay unos círculos en Amberes y en Manchester en los que pueda oirse hablar en esa lingua franca de los judíos europeos: el yiddish oriental. Llueve más penumbra sobre la uniforme tiniebla tradicional que padecemos en este siglo.
No fue hasta 1994 cuando se descubrió parte del archivo original de Beregovski. Los trabajos de Liudmila Solokhova para la Biblioteca Vernadsky catalogan y compendian más de 800 páginas de los fondos iniciales. El disco que se presenta se nutre de dicha fuente. Está interpretado por el grupo berlinés de música klezmer (música instrumental festiva de los judíos askhenazíes) Joel Rubin Jewish Music Ensemble, que ha acudido al rescate discográfico, salvando las distancias (a veces enormes) que median entre el trabajo de los folkloristas y el público más o menos especializado. Las obras recobradas orbitan en torno a un tema común: son piezas para ser interpretadas en las bodas judías. Pieza elemental de esta música es el Zay Gezunt. El Zay Gezunt, o la Despedida, se toca —como parece natural—cuando celebrantes e invitados dan por concluída la fiesta. Las dos familias ya emparentadas se despiden la una de la otra, la melodía se torna triste hasta que aparece la última explosión de la alegría: el karahod, esa danza en la que todos los invitados bailan en comunión, cogidos de las manos, forman un círculo que gira sobre su propio eje.
En la imagen, unos ojos soñadores, de pesados párpados somnolientos contrastan con la viveza que esplende una novia de bella sonrisa. La fotografía está tomada en 1937. Es una pareja de recién casados de religión judía, habitantes de la Europa del Este. Ambas miradas están más allá de toda tensión nerviosa, al contrario de la que sufren los contrayentes de las bodas actuales. Revelan la verdadera esencia tranquila que se inserta en el corazón de la felicidad futura. De todo esto quizás tengamos mucho que aprender. ¿Puede la música ayudarnos a recuperar estos mundos perdidos?
Joel Rubin Jewish Music Ensemble: Despedida (Beregovski’s Khasene)
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Nota:
1. Ayudó no poco la política estalinista, que no era precisamente filojudía. Tras la presión continua y el asesinato indiscriminado, muchos judíos abandonaron la Unión Soviética, bien rumbo a Israel, bien a Estados Unidos o Australia.