Claude Loyola: un compositor al margen
Klas-Thure Allgén nació en Calcuta el 16 de Abril de 1920, donde su padre era representante de una compañía sueca. A los doce años, ya en Suecia, comenzó a interesarse por el violín, para pasar posteriormente a la viola. Fue aceptado en el Conservatorio de Estocolmo a la serena edad de 16 años, donde profundizó sus conocimientos instrumentales y fue seducido por la composición. En 1941, tras concluir sus estudios formó con sus compañeros de Conservatorio el Måndagsgruppen (El Grupo de los Lunes), una asociación de nuevos compositores que orbitaban en torno a la vanguardia radical.
A partir de aquí viene lo extraño, lo literario de la vida de Allgén: a mediados de los años cuarenta se fue interesando progresivamente en la religión, lo que le llevo a estudiar con fiereza Teología. Se convierte al catolicismo en 1950 para renacer con el nombre de Claude Johannes Maria Loyola Allgén (Loyola, evidentemente, por Ignacio, el cura-militar). Ingresa en un seminario, prosigue sus estudios de Filosofía y Teología en Holanda y en Austria (Innsbruck). En 1961, sin que sepamos por qué, deja su vida seminarial sin ser ordenado sacerdote. Vuelve a Suecia, donde se aplica —sin éxito— en labores profesionales relacionadas con la música (violista, orquestador, o profesor). La más completa de las miserias se abate sobre él. Malvive en una infravivienda de los suburbios de Estocolmo. Imposibilitado para satisfacer el pago, ve cómo las compañías le proscriben la luz y el agua. El ya anciano Loyola Allgén prosigue componiendo a la escasa luz de las velas, calentándose las durísimas noches escandinavas con hogueras en las que arden viejos periódicos. Derrite nieve en el cuarto de baño para poder tener un mediano aprovisionamiento de agua. El 18 de Septiembre de 1990 , mientras compone, una vela prende por accidente algunas hojas partiturizadas. La vivienda se incendia por completo, y con ella, Allgén y gran parte de sus obras, que nunca habían sido impresas.
Tanto en el panorama compositivo sueco como en el internacional, Allgén es una figura de extrema independencia. Karl-Birger Blomdahl, quien compartió con Loyola la experiencia del Grupo de los Lunes nos cuenta ácidamente que Loyola prefería componer fugas a nueve partes de extremada complejidad y de tempi inejecutables, o que sus obras pecaban de un hiper-intelectualismo en absoluto conveniente. Las voces de los compositores que lo trataron no son mucho más amables con su figura. Loyola es un permanente marginado tanto en el circuito musical (pocas de sus obras merecieron edición; hasta la fecha, sólo conocía una fantasía para piano suya grabada en el minoritario sello Alice) como en el social. Cuesta creer que en el siglo XX, en una nación culta y desarrollada, un compositor de su talla viviera en la penuria más absoluta. Las noticias que hay de Allgén no van mucho más allá. Dejando atrás la complejidad anteriormente mencionada, se nos habla de obras inmensas, enormes, inacabables, de una longitud más allá de lo humano: la obra de un loco embarcado en la nave de la composición.
Han tenido que pasar 16 años desde su muerte para que podamos acceder a otra de las obras de Loyola: se trata de la desbordante Sonata para violín (1989), que se extiende durante más de 160 minutos (!), algo comparable a una novela de 5.000 páginas o a una película de 9 horas. El dotadísimo violinista Ulf Wallin, quien atraído por la misteriosa figura de Claude Loyola, tuvo la oportunidad de examinar el manuscrito, quedó al tiempo fascinado y abrumado por su desmesura y exigencias de recursos técnicos. Estudió con apasionamiento la rara intensidad y la fuerza emocional que emanan de esta obra ciclópea, convencido de que se hallaba ante una obra maestra. Entendió que de la vida de un compositor oscurecido podía brotar el absoluto conocimiento de los recursos expresivos del violín, algo sólo al alcance de figuras de la talla de Bach, Bartók, Ysaÿe o Berio. El desafío musical y técnico que implicaba su ejecución demoró su proyecto de grabación durante años. Finalmente, ahora podemos tener su resultado.
Como he dicho, no son muchas las grabaciones que poseemos de obras de Allgén. El mismo Wallin tuvo que trabajar con el manuscrito del propio compositor al tratarse de una obra no editada. Tampoco son numerosos los artículos que lo recuerdan en Internet. Salvo el redactado por Pierre Élie —bendito freakie perdido en océanos sonoros— este es el único en nuestra lengua. Y, que yo sepa, también el fragmento que dejo del primer movimiento de la Sonata es la exclusiva oportunidad que hay para acceder a esta música desnuda, purísima. Que ustedes la disfruten
Claude Loyola Allgén: Sonata para violín solo. Ulf Wallin, violín