(A la manera de Muxarra, pero sin su talento)
Para Ana
El salón de casa con aspecto de vergel. A la derecha de la escena, dos mujeres jóvenes. Una de ellas, Ana, viste de azul, mira a su alrededor con una mezcla de incredulidad y complacencia. La otra, su compañera de piso, Mayte, se afana de acá para allá incapaz de entender lo que ocurre
MAYTE.— ¡Mare meua!, pero…¿Qué ha pasado aquí? Ana…¿Dónde está el salón de casa? Acabo de entrar por la puerta, y donde debía estar, ahora se ve esto…
ANA.— Pues…
MAYTE.— ¿Has visto que han salido árboles? ¡Con lo que limpiamos nosotras, qué dirán las vecinas! El suelo parece cubierto de césped, como si los baldosines se hubiesen transformado en una pradera….Y se ve el horizonte y todo, con Villafranqueza a la derecha y, al fondo, casi se llega a ver Muchamiel…incluso aquí al lado ha salido una estatua enorme…¿No sueño?
ANA.— Me parece que no, a no ser que compartamos el mismo sueño…
MAYTE.— Eso debe de ser, porque no hay Dios ni Razón que entienda esta locura….por no hablar ya de los niños…¿te has dado cuenta de cuantos hay? Deben de ser todos de la misma edad, y se parecen los unos a los otros como si fuesen hermanos. ¡Están armando un jaleo de mil diablos!
ANA.— (Sin apenas oir a Mayte entre la algarabía) Sí.. ¿No te parecen deliciosos?
MAYTE.— ¿Deliciosos dices? ¿Deliciosos? Pues sí, claro… deliciosos… si fuesen unos pocos menos… ¡Es como un ejército! ¡Pero si son los menos cien! ¿De dónde han salido tantos? ¿Es que hemos montado una guardería en casa y no lo recuerdo?
ANA.— (sonrojándose) No, verás…
MAYTE.— Dime, Ana: ¿Qué ha pasado?
ANA.— (acentuando su rubor) Ocurre que…he estado soñando antes de este sueño, y en él deseaba con fuerza tener un hijo…¿sabes? Uno pequeñito, de un añito pasado, que es cuando empiezan a hacer sus primeras travesuras…Pero creo que algo se ha desmandado, y en lugar de tener un hijo (que es algo que pasa algunas veces), me he encontrado con todos estos en el salón. Míralos, qué guapos son…
MAYTE.— No, si yo no te niego que sean guapos ni mucho menos…lo que ocurre es que así, tan de sorpresa…¿A ti te parece normal?
ANA.— No sé si es normal…cuentan los libros que en cierta ocasión, una mujer tuvo un niño de una manera aun más extraña.
MAYTE.— Bueno, eso es cierto…
ANA.— Al parecer esta mujer, que era casada, se lió con un tal Santos Espriù (o Espriù Santos, ahora no recuerdo bien) que venía de lejos, y tuvo un hijo con él.
MAYTE.— ¡Menudo ejemplo que te buscas? ¿Y así es cómo lo has tenido?
ANA.— No, no, qué dices…yo sólo lo he deseado. Esta chica de la que te hablo fue más lejos. Según algunos cuadros, el tal Santos era un rayo de luz.
MAYTE.— Un tipo veloz, vaya: visto y no visto…
ANA.— Quizás. Los pintores tienen formas muy extravagantes de contar las cosas. Algunos han llegado a pintar, en la orejita de María (así se llamaba la chica) unos pequeños piececitos que se introducían por ella a través del oído. Es posible que el Santos éste no fuese muy convencional a la hora de…bueno, ya me entiendes…
MAYTE.— Y diminuto. Debía ser un enano para meterse por la oreja de María
ANA.— Sí, supongo que era una manera de decir que no lo hizo de manera pecaminosa…
MAYTE.— Tanto como pecado no sé yo, pero a su marido no le debió de hacer mucha gracia en cualquier modo…
ANA.— Pues hay incluso quienes pintan que Santos era una paloma, a la que se puede ver en el regazo de María en muchas imágenes.
MAYTE.— ¿Una paloma? ¡Jesús, qué cosas! …¡Anda!…ahora que me fijo…¡ay! ¡A lo peor te ha venido el palomo ese mientras dormías! ¿Te has fijado que esos niños tienen alitas en la espalda?
ANA.— Sí…¡Qué bonitos quedan con ellas! ¿No te parece?
MAYTE.— Sí, menudos pájaros de cuenta están hechos…¡Anda! ¡Mira ese, Ana! ¡Ha cogido la tortilla que tenía en el plato y ha echado a volar como un gorrioncillo! (Mayte agita el plato ya vacío amenazando con él a un angelote) ¡Eh, tú, arrapiezo! ¡Ven para acá, gavilán ladronzuelo y comilón! ¡Y no vueles tan alto, que te vas a pegar la costalada cuando aterrices! ¡Mira que acabas de nacer hoy y no sabes de estas cosas!…¡Ana, vigila a los nenes! ¡Y ese otro diablillo, que ha cogido un arco y va a desgraciar a alguno…! ¡Eh, nene, eh! ¡Eso no! ¡Pupa, pupa! ¡Ay, la que nos espera con tanto niño suelto…!
Desconozco qué le faltará a Robertokles, pero es evidente que de talento, anda sobrado.
Mensaje para Ana:
Estimada Ana, ¿le importaría a Ud. solicitarle a Robertokles que nos obsequie con más deliciosas obras en un acto? Leer un texto como este es un antídoto para nuestra dulce soledad…
Comment de esther — 27/05 /2006 @ 8:27 pm
Saludos, Esther:
Aparte del talento me falta un ojo, treinta y un dientes y varios brazos. Pero para compensar tengo tres agujeros en la nariz y una hermosa joroba
La idea de estos comentarios descontextualizados de pintura la saqué de Muxarra M.D., un forista que trazaba unos relatos que me agradaban mucho. En cierta ocasión, hizo una lectura del Tríptico Portinari con la que me reí muy a gusto. Hablando con Ana de este asunto de tener muchos hijos, recordé la obra de Tiziano que he visto tantas veces en el Prado, y a su vez, el relato citado de Muxarra. Se me ocurrió escribir algo sobre esto en tono de broma, aderezándolo con mis naturales irreverencias. Vendrán días, Esther, en los que la legión católica me exija cuentas sobre mis escritos.
Un saludo y gracias por su comentario:
R.
Comment de Administrator — 27/05 /2006 @ 8:56 pm
Hola, me pareció muy buena la obra, me gustaría, y esto va como un favor que pudiese hacer una obra de un acto en la que participen 6 hombres. Ojalá esté esta página activa aún.
Comment de Roberto Millar — 01/10 /2008 @ 8:43 pm