En 1957, un joven húngaro consigue llegar a París para estudiar durante un año. Pianista dotado y compositor en ciernes, no ha conseguido acceder a las obras del Círculo de Viena, que el régimen comunista de su país había calificado de degeneradas, de enfermas y de formalistas en una curiosa correspondencia terminológica con el caído régimen nazi. Conoce a Olivier Messiaen y al famosísimo Darius Milhaud, que marcarán su impronta definitiva en el músico. Para adquirir un conocimiento que su patria le veda, copia las obras de Anton Webern, que le fascinan. He aquí la triple influencia sobre el joven pianista: Béla Bartók, la vanguardia francesa, y el Círculo de Viena. Sería tan injusto no mentarlas como pensar que limitaron el vuelo libérrimo de Gÿorgÿ Kurtág.
En los años 70, Kurtág inició uno de los proyectos más interesantes para piano de los últimos años. Se trata de una serie de obras pedagógicas que tratan de enseñar al niño estudiante a través de la libertad sonora y del juego. Justamente por eso, las brevísimas piezas reunidas reciben el nombre de Játékok (Juegos). Las exploraciones de color, intensidad, modulación, relación y expresividad se muestran con una fantástica libertad creativa que afecta tanto al compositor como al aprendiz. Hay una frescura creadora, un buen humor que va desde la cita a la paráfrasis, de la recreación al homenaje. No estamos ante un formalismo puro y autosuficiente. Aun cuando la autonomía de las piezas y la relación en su propia estructura se baste a sí misma, refleja estados de humor, retratos y amables distorsiones del mundo en que vivimos. He pasado la tarde de hoy escuchando varias veces las 58 piezas que el compositor selecciona en la grabación que Gábor Csalog interpreta para el sello húngaro BMC. La sorpresa ha venido en el último corte, que es nada menos que un arreglo de la hermosísima sonatina de la cantata BWV 106 —Actus tragicus— para pianino con pedal de suprasordina a cuatro manos: una delicia final tan inesperada como hermosa, que espero que le guste a mi querida San.
J. S. Bach: Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit: Sonatina, BWV 106 (Actus tragicus) - Transcripción de György Kurtág (para cuatro manos)
Me encanta este blog, me he tomado la libertad de enlazarlo con el mio.
Un saludo muy cordial.
Comment de azuldeblasto — 11/05 /2006 @ 4:20 pm
Benditas libertades, Azuldeblasto. Un saludo, y bienvenido al exiguo grupo de visitantes de este rincón. Cuénteme a partir de ahora entre los que pasarán por su espacio.
Un saludo
Comment de Administrator — 11/05 /2006 @ 9:21 pm