El texto más extenso que tenemos acerca de Pandora son los sesenta y cinco versos que le dedica Hesiodo, en Trabajos y días, (vv. 42- 107): Higinio y Apolodoro no hacen sino glosar la fuente, sin apartarse de ella, y Plinio, por su parte, en NH XXXVI, 19 apenas se detiene a mentarla. Por tanto, aquel que quiera entender el caso de Pandora, tendrá que remitirse a Hesiodo como fuente principal y fundamental, tanto en razón de antigüedad como de extensión. Me parece conveniente anotar la fuente originaria a fin de no perdernos demasiado. Ofrezco, por aquello de la comodidad de lectura, una versión prosada (aun sabiendo que no es lo mejor), tomándola de la que vertió Aurelio Pérez Jiménez para la editorial Gredos, Biblioteca Clásica nº 13:
Y es que oculto tienen los dioses el sustento a los hombres; pues de otro modo fácilmente trabajarías un solo día y tendrías para un año sin ocuparte en nada. Al punto podrías colocar el timón sobre el humo del hogar y cesarían las faenas de los bueyes y de los sufridos mulos. Pero Zeus lo escondió irritado en su corazón por las burlas de que le hizo objeto el astuto Prometeo; por ello entonces urdió lamentables inquietudes para los hombres y ocultó el fuego. Mas he aquí que el buen hijo de Jápeto lo robó al providente Zeus para bien de los hombres en el hueco de una cañaheja a escondidas de Zeus que se goza con el rayo. Y lleno de cólera díjole Zeus amontonador de nubes: «¡Japetónida conocedor de los designios sobre todas las cosas! Te alegras de que me has robado el fuego y has conseguido engañar mi inteligencia, enorme desgracia para ti en particular y para los hombres futuros. Yo a cambio del fuego les daré un mal con el que todos se alegren de corazón acariciando con cariño su propia desgracia.» Así dijo y rompió en carcajadas el padre de hombres y dioses; ordenó al muy ilustre Hefesto mezclar cuanto antes tierra con agua, infundirle voz y vida humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella semejante en rostro a las diosas inmortales. Luego encargó a Atenea que le enseñara sus labores, a tejer la tela de finos encajes. A la dorada Afrodita le mandó rodear su cabeza de gracia, irresistible sensualidad y halagos cautivadores; y a Hermes, el mensajero Argifonte, le encargó dotarle de una mente cínica y un carácter voluble. Dio estas órdenes y aquéllos obedecieron al soberano Zeus Crónida. [Inmediatamente modeló de tierra el ilustre patizambo una imagen con apariencia de casta doncella por voluntad del Crónida. La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la engalanó. Las divinas Gracias y la augusta Persuasión colocaron en su cuello dorados collares y las Horas de hermosos cabellos la coronaron con flores de primavera. Palas Atenea ajustó a su cuerpo todo tipo de aderezos]; y el mensajero Argifonte configuró en su pecho mentiras, palabras seductoras y un carácter voluble por voluntad de Zeus gravisonante. Le infundió habla el heraldo de los dioses y puso a esta mujer el nombre de Pandora porque todos los que poseen las mansiones olímpicas le concedieron un regalo, perdición para los hombres que se alimentan de pan. Luego que remató su espinoso e irresistible engaño, el Padre despachó hacia Epimeteo al ilustre Argifonte con el regalo de los dioses, rápido mensajero. Y no se cuidó Epimeteo de que le había advertido Prometeo no aceptar jamás un regalo de manos de Zeus Olímpico, sino devolverlo acto seguido para que nunca sobreviniera una desgracia a los mortales. Luego cayó en la cuenta el que lo aceptó, cuando ya era desgraciado. En efecto, antes vivían sobre la tierra las tribus de hombres libres de males y exentas de la dura fatiga y las penosas enfermedades que acarrean la muerte a los hombres. Pero aquella mujer, al quitar con sus manos la enorme tapa de una jarra los dejó diseminarse y procuró a los hombres lamentables inquietudes. Sólo permaneció allí dentro la Espera, aprisionada entre infrangibles muros bajo los bordes de la jarra, y no pudo volar hacia la puerta; pues antes cayó la tapa de la jarra [por voluntad de Zeus portador de la égida y amontonador de nubes]. Mil diversas amarguras deambulan entre los hombres: repleta de males está la tierra y repleto el mar. Las enfermedades ya de día ya de noche van y vienen a su capricho entre los hombres acarreando penas a los mortales en silencio, puesto que el providente Zeus les negó el habla. Y así no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus.
Lo que hemos de ver en este texto es, ante todo, cómo se elabora el plan de los dioses, y a causa de qué ocurre. Por el robo del fuego de Prometeo, que era un bien que los olímpicos se reservaban, y que no pretendían compartir con los hombres, se elabora todo el plan de la creación de Pandora. Lo primero que tenemos que concretar es cual era realmente el mal del que Zeus se jacta en 55 – 58:
¿Ries del hurto del fuego y de habérmela dado de mano?:
maldición sobre ti, para ti, y para los hombres que vengan:
ya les daré yo en pago del fuego un mal de que a todos
se les alegre el alma, y con su mal se encariñen.
Así, vemos que el mal concedido a los hombres es realmente la misma presencia de Pandora, que será desencadenante de nuevos (y terribles) males. Quizás por esas características que le insufla el mensajero Argifonte (obviamente, Hermes)
Mas alentarle un alma de perra y mañas ladinas. (v. 67)
En aquellos tiempos, parece que vivían los hombres, todos varones, en lo que conocemos por Hesiodo como la Edad de Oro: es decir, que los hombres estaban libres de enfermedad, de trabajo, vivían banqueteando con los dioses, y morían una muerte indolora y plácida. En esta pequeña parte del mito alfarero de Pandora, que tanto nos recuerda a otros próximorientales (el mismo Génesis, el mito de Anubis y Bata, y esa profusión de ceramistas creadores que nos han dejado los textos babilonios, con sus Anu, Kulla y Ea creando las cosas a partir de los materiales arcilla-agua, cuya misma separación o correcta proporción es, en sí, un hecho creacionista) hace difícil la afirmación de esa autoridad de a pie de calle, Robert Graves de que el mito de Pandora es nada menos que una invención del propio Hesiodo. Pero sigamos con lo nuestro.
La segunda cuestión en la que quería detenerme es en la espantosa interpretación que hace Graves del nombre parlante de Pan-dora: aquí, es él quien tuerce, y no Hesiodo. Pandora viene a significar “el regalo de todos” (que tiene sentido si vemos que es un proyecto de muchas deidades para configurarlo) y no “aquella que lo da todo”. Verdenius postulaba esta solución, defendiendo que el causante de su creación, como verdadero ideador, es Zeus. Supongo que son estas cosas que intrigan tanto a filólogos y mitólogos, que es bien sabido que son unos señores a los que no les gusta el futbol y se aburren como ostras. Vuelvo a decir: Graves era un helenista aficionado, con el pesado freno de ser un frazeriano con ribetes jungianos (algo que es esencialmente malo, aviso) y aparte, estar siempre buscando una peregrina teoría de la poética griega como un corpus de canto a la mujer-diosa. Las numerosas veces que se daba con el muro en las narices no fue obstáculo para que tramase esos tendenciosos y enloquecidos Mitos Griegos que andan por casa de todo hijo de vecino. Y así nos luce el pelo.
Hemos de puntualizar: lo que Pandora abre no es caja alguna, sino una jarra de gran tamaño (pithos) sellada. Ya Panofsky, en el proemio de su ensayo La caja de Pandora nos habla de la filiación renacentista de la transformación de un ánfora para guardar grano (pithos) en cajas. Ahora, su origen nos es complicado. O bien está en casa de Epimeteo, guardada por alguna razón, o la trae Pandora consigo, o, por último, es un envenenado regalo de bodas o dote de la novia. Hay quien ha entendido que los regalos de los dioses son los males encerrados en la jarra, pero a poco que leamos el texto, la cosa parece carente de sentido.
El asunto de la Espera o la Esperanza: Ya que el término es tan complicado (hace referencia a una ilusión puesta en el futuro, y a la que hay que aguardar) debemos entenderlo de una de las siguientes maneras que consigna la edición de Gredos. Resumo brevemente:
a) Si la Esperanza queda atrapada en la jarra, es un bien que se conserva para el hombre. Pero curiosamente, pese a ser un bien, convive en una jarra en la que solo hay males, por lo que parece. Lesky, en su voluminosa y excelente Historia de la Literatura Griega (edición Gredos, pág. 125), identifica a Pandora (de nuevo, no tenemos pruebas para ello) con una antigua deidad, y anticipa que hay dos versiones entremezcladas, en la que el mito de Pandora se confunde con los dos toneles que están en la mansión de Zeus y que contienen respectivamente, lo bueno y lo malo (Iliada, XXIV, 527). Considera Lesky que, al contrario que los males, la conservación de los bienes es lo que los hace estar disponible para los hombres. Si bien la solución tiene cierta lógica, lleva en sí una complicación desmesurada que parece que no está acorde con el resto de la versión.
b) La esperanza es un mal que se conserva para los hombres: supone la vuelta de lo dicho anteriormente, pero no se entiende como los males operan en contra del hombre al andar libres por el mundo, y también al estar en la pithos. De esta manera, el gesto de Pandora al abrirla es ocioso y superficial.
c) La esperanza es un bien negado al hombre, que queda a merced del desespero. Este coup de grâce final de Zeus, que no le permite salir para aliviar al hombre, nos entronca con el problema anterior, en el que un único bien convive con un ejército de males dentro del mismo recipiente.
d) La esperanza es un mal negado al hombre: aparte que ad-sensum es ridículo (si queremos hacer de la esperanza un vecino de la miseria y las calamidades), no se entiende para nada porqué precisamente es éste mal el que queda dentro.
d) Hay quienes sugieren que debemos verter el término por espera en lugar de esperanza (vid. supra), dándole el sentido de “advertencia”. De esta manera, sería un heraldo de los males que sucederán, y uno diferente a todos ellos. Al estar los hombres sin aviso de lo que les va a ocurrir, los males caen sobre ellos con mayor fiereza. Engloba parte del problema anterior: no explica porqué los males precisan de un heraldo que los preceda, ni tampoco cómo su presencia es un mal en sí mismo. Parece razonable pensar que los hombres, estando sobre aviso de que tal mal se le va a venir encima, se prepararían para minimizar su impacto, convirtiéndose por tanto esta advertencia en algo positivo. También puede interpretarse de una forma más perversa, cómo no: que la misma advertencia sea causante de la desesperación de quien la recibe. En caso de ser una admonición benigna para los hombres, la decisión del dios queda clara entonces al dejarla encerrada. Y al tiempo, no contempla el ilogismo de ese heraldo que llega antes que el mal que fuere, pero que se retrasa inexplicablemente para escapar del pithos.
Con respecto al significado del mito y su situación en la obra es múltiple: Perses, hermano de Hesiodo, es advertido de que no obre descuidadamente como Epimeteo desoyendo los consejos de su hermano mayor (Prometeo-Hesiodo) y aventure males sobre males. El origen de los males del hombre sirven para explicar el paso de una edad a otra: de Oro hasta la de Hierro, que es la que considera el autor que es en la que vive. Anticipa la muerte dolorosa y breve, las desdichas y sinsabores, y el castigo del trabajo. Sirve, además, como advertencia, si no contra todas las mujeres, sí contra las volubles y curiosas. Epimeteo no debiera haber hecho entrar en su casa a esta mujer atolondrada (no mala en si, véase claramente: no obra por malicia, sino al parecer, por un impulso voluble). Desde luego, es ocioso plantearse si el mito de Pandora es un mito misógino, porque está encuadrado dentro de un mundo en el que la mujer no tiene, o rara vez tiene (pienso en Lais, Aspasia, y otros ejemplos de excepciones) representación en la vida pública, está privada de voz y de acción, y en general, es un ser que se mueve por el interior de la casa. Visto a ojos del siglo XXI, muy posiblemente es intolerable. Ahora, que empezar a despotricar contra Hesiodo (si hubiese alguien tentado a ello: Graves, el helenista de pacotilla, lo hace; y sin embargo no acusa al resto de los mitos, por poner un caso, de no ser pacíficos, de representar la opresiva realeza, y algunas cosas más que de ellos podrían decirse) por narrar (aún “inventar”: poco sabe de la formación de mitos quien diga semejante cosa) un mito en el que la mujer no sale bien parada. Pero en fin: vivimos en un mundo tan desatinado, que llega a decir que Aristófanes era un señor progresista que da primordial importancia a las mujeres. Dios nos coja confesados.
desde un punto de vista personal casi todas las religiones hacen ver a la mujer como la culpable de los males terrenales y como un ser maldito.
Comment de karen martinez — 04/10 /2007 @ 4:39 pm