(Para Rosana)

Auto sacramental para dos actrices adultas, una niña, cinco figurones y doscientos cincuenta animales no humanos.
(Sobre la pintura de Jacopo Bassano Animales entrando en el Arca de Noé (1569) y Génesis 6-10)
Dramatis personae
NOÉ, patriarca y capitán de navío (figurón inmóvil y silente)
SEM, hijo y bracero ocioso (figurón silente)
JAFET, hijo y bracero ocioso (figurón silente)
CAM, hijo y bracero ocioso (figurón silente)
MARI, mujer de SEM y trabajadora
MARI, mujer de JAFET y trabajadora
MARI, mujer de CAM y trabajadora silente
NIÑA
A la izquierda de la escena, Mari (con tocado blanco) y Mari (sin él y agachada). En torno a ellas, sus respectivos maridos. A la derecha de la escena, Cam y Mari , también con tocado blanco. En un piso superior se situará a la niña, animando a pasar al jabalí, que podrá ser sustituido por un marrano de buen tamaño. En el centro, en posición de éxtasis y cara de arrobo, sin moverse un milímetro, Noé. La escena se complementará con los animales no humanos tanto terrestres como alados que quieran participar, sin ser en momento alguno coaccionados por el director de escena, actores o parte alguna del público. Tanto actores como director tendrán en cuenta que de algunos figurantes no puede esperarse una colaboración atenta a las normas de distribución de los cuadros vivientes.
Dado que las tres mujeres tienen el mismo nombre y sufren la misma situación, se podrán intercambiar de lugar, postura y marido a conveniencia del director, quien se atendrá a las razones de crear la máxima confusión en las identidades para mostrar que, al fin y al cabo y sumidas en un mundo de hombres, realmente todas las mujeres son iguales.
MARI - Tres años llevamos ya rompiéndonos la espalda por orden de este viejo enloquecido, sin observar el día del Señor, sin día de descanso, sin vacaciones y apenas pagándonos nuestros esfuerzos y desvelos. ¿Hasta cuándo va a durar esto? Y él continúa de pie, sin hacer nada, estorbando siempre, habitando en el punto en el que más obstaculiza, moviendo las manos como un director de orquesta bobo que no se da cuenta de que los músicos se le han fugado, mirando al Poniente y pretendiendo estar de cháchara con un Dios de cuatro cuartos.
MARI - Menos místicismo, que a éste me lo conozco yo; los beatos y los santos ven mejor a Dios y sus designios con la ayuda del alcohol. Míralo, Mari: tiene tanto mejillas como nariz coloradas, y eso que hoy no ha catado el vino de añada que tenemos guardado… ¡Bien que me he asegurado! Hemos tenido que escondérselo porque, imagina, a la mínima que nos descuidamos, ¡zas! se amorra al cántaro como un babuíno. Pero… ¿Lo habrá encontrado? ¿Será más listo que yo, más hábil que yo? ¿O es que tendrá algunas botellas por ahí, escondidas para los momentos de escasez? Qué espectáculos nos da en cuanto consigue un par de litros… que bien mirado, es la mayor parte de los días… No sé cómo los alcohólicos son capaces de aguzar tanto el ingenio para conseguir la bebida que los atonta y embrutece, chica: y acto seguido, venga a babear, a reir…
MARI - ¡Y tanto babear!: Le da por tentarme el culo con sus dedos artríticos y sus manos de azada cada vez que, por pena o por miramientos, le limpio la carota de vómito… ¡Será cochino…!
MARI - … y sin parar de delirar al tiempo, sobre todo cuando le da la manía obsesiva del Diluvio.
MARI - El Diluvio… sí, claro.. no me hables del Diluvio. Siempre la maldita lluvia y las conversaciones con Dios. Dios es sólo el invento de unos hombres que se han convencido de su propia mentira. Por qué rayos le habrá dado a nuestro suegro con la lluvia, no soy capaz de saberlo. Eso sí, que no es normal, te lo digo, no es natural.
MARI - Menos miedo tendría si en lugar de agua, lloviese vino. Entonces sería más difícil meterlo en el Arca cuando llueve de lo que ahora es desalojarlo de ella tras llover.
MARI - A eso iba. Al resto de los viejos, ya sabes, les desagrada bañarse, temiendo quizás deshacerse y escurrirse por el desagüe. Engañan, protestan, bufan y patalean hasta el punto de que casi hay que meterlos en la tina a la fuerza. Pero a éste le ha dado la ventolera de decir que va a llover cuarenta noches y días seguidos. ¡Qué miedo le tiene! ¡Habráse visto cosa igual!… Si se aproximan nubes, palidece; y nada te digo si empiezan a caer cuatro gotas: en seguida se lanza a dar alaridos, a persignarse, a caer de rodillas metiendo la cabeza en tierra, a golpearse el pecho con los puños entonando el Yo, pecador, a pedir perdón por sus pecados… y a esconderse en lo más profundo del Arca, cómo no… Viejo bribón y gallina… Hay que sacarlo cuando ya ha escampado, bien lo sabes, meado y cagado como un bebé y en un estado tal que cuesta calmarlo tantas horas como tranquimazines. ¡Todo para que se convenza de que el mundo sigue girando…!
(Risas tan malignas como compasivas)
MARI - Teme, ha dicho, que el mundo se vaya a ir al carajo.
MARI - Momia beata y desequilibrada… Al parecer, Dios le ha dado la bendición de decirle que va a anegar el mundo, pero lo ha maldecido al no decirle cuándo. Así que ahí está, a la espera, parado como un poste o como un semáforo roto, esperando, siempre esperando…
MARI - Eso es. Esperando y sin trabajar, que eso ya lo hacemos nosotras. Y para que él no se ahogue —porque no sabe nadar y empieza a temblar si el agua le sube por encima de los tobillos—, dice que hay que construir, fíjate, no una barca o un buque… ¡Sino un arca!
MARI - Que no lo dice él, sino Dios…
MARI - Eso, eso… su dios de engañifa, el coco de los niños chicos…
(Ríen sofocadamente las dos)
MARI - ¡Qué desatino! ¿A qué Dios enfermo se le ocurriría semejante idiotez? ¡Una caja inmensa de tres pisos con sus respectivas puertas! ¿Por qué ya no un ánfora, o una cuna ciclópea, o una alpargata de trescientos metros de eslora…? ¡Ya puestos a pedir estupideces…! Pero no, que tenía que ser un arca, y con unas medidas así y asá… ¡Y se empeñaba en darlas en codos! ¡En codos! ¡Qué extravagancia! Hubo que pasarlo todo a metros, porque con aquello de los codos, los carpinteros se negaban a trabajar… No tengo dudas, ha perdido la cabeza y todos nos perderemos con ella… En cualquier modo, nada de lo que extrañarse, porque tiene ya la friolera de 600 años.
MARI - Demasiado bien está después de tanto tiempo dando por el saco sin que a nadie se le haya ocurrido la idea de encerrarlo en el Psiquiátrico…
MARI - Y lo que queda. Mejor dicho, lo que nos queda. Porque pese al amor que le tiene al vino, está como un roble. Toda la maquinaria le funciona perfectamente, pese a que el que la gobierna se ha ido de paseo…
MARI - ¿Cómo…?
MARI - Que está loco, mujer. Que no rige…
MARI - Ah, sí. En eso estamos de acuerdo. Como una regadera. Y bien que estamos pagando haber entrado en esta familia de dementes…
MARI - El padre está loco, y los hijos padecen la locura de seguir al padre. Eso sí, sin dar un palo al agua, bien se le parecen en esto. Fíjate en Sem. Haciéndole cucamonas al ciervo en el cuello que está, mientras nosotras nos matamos con los fardos.
MARI - ¡Será…! ¡Y yo, que apenas puedo levantar este bulto del suelo, de lo que pesa! ¡Eh, tú, Sem…! ¡Tú, semita, perro circuncidado…! ¡Eh, eh, eh!
MARI - Nada, no te esfuerces: aunque le llamases cabestro, buey o mono pajillero no te oiría entre el estrépito de los animales que van subiendo al Arca. Y sospecho que, incluso sin ellos, se haría el sordo con tal de no ayudarte. Si el padre tiene miedo a la lluvia, los hijos le tienen pavor al trabajo.
MARI - Y el otro… ¿Qué me dices de Jafet? Míralo, acodado en el culo de la vaca, como un mal chulo de taberna de puerto, y hurgándose los bolsillos para ver si le quedan perrillas… Sospecho que, si encuentra algo más que telarañas, en breve dejaremos de verlo. Y luego ya lo de siempre: ir a buscarlo al bar y separarlo de la mesa donde estará semicomatoso por las copas. Maldita familia de borrachos…
MARI - Lo que es yo, ya lo doy por imposible. Bastante tengo ya con cargar este fardo, que me está alimentando la escoliosis, como para colmo preocuparme de si ese vago ha dejado de serlo… ¿Pero es que no hay aquí una carretilla siquiera…?
MARI - Deberíamos preguntarle a Noé…
MARI - ¡Bah! ¡Cualquiera lo saca de su ensueño!
MARI - ¿Y si le tiramos un saco…?
(Ríen de nuevo)
MARI - Aunque le dieses en su cabeza desamueblada, ni se enteraría. Fíjate lo que ha hecho nuestra suegra: en cuanto se puso pesado con lo de la lluvia y el Arca, y vio que los peleles estos con los que nos hemos casado le apoyaban para esquivar el desheredo o que no les diese dinero para fundírselo en la cantina… ay, espera que me cambie el fardo de lado… ya… vio que no habría ni Dios ni diablo que le sacase de la cabeza esa obsesión senil, se metió en casa diciendo que la avisasen cuando fuese el momento de embarcar, o de enarcar, como se diga lo que vamos a hacer en esta aventura delirante: ¡Anda que meternos en un arca con siete parejas de animales puros (según su especie) y otra pareja de animales no limpios, también según su especie!… Mira qué río de animales van viniendo al Arca, que ya saben que va a haber comida para todos…
MARI - Más listos son ellos que este Noé, que no sabría distinguir un gato de un avestruz… ¿Te has dado cuenta de que ha elegido a dos leones machos? Míralos, ahora van subiendo por la rampa… Y más encanijados no podrían ser. ¿Hay leones-enanos? Menos mal que Linneo no anda cerca, por que qué futuro le espera a las especies si todo lo hace así…
MARI - La pobre Mari tampoco te creas que está en mejor situación que nosotras… Trajinando de acá para allá mientras el golfo de Cam pierde el tiempo comtemplando lo que ve el elefante. ¿Qué ha visto ese animal…? ¿Un cacahuete…? Pues ya es motivo suficiente para no mancharse las manos con los sacos… ¡A admirarse con los misterios de la Ciencia!
MARI - Otro que no conoce más Ciencia que el llenarse la barriga de copazos…
MARI - Mala plaga les caiga encima a estos hombres nuestros. Y ella lo tiene peor que nosotras, que si un día nos terminamos de hartar, nos largamos por la noche sin una nota de explicación que valga y sin pintar corazones quebrados en los espejos de casa. Ella tiene a la niña, a la pequeña Mari, arriba en el arca, indicándole a los animales cómo subir por la rampa dónde tienen que alojarse…. ¡Eh, Mari, ven aquí con nosotras…! Nos hace señas con la mano negándose, y es natural. Sin ella, toda la tarea de ese área quedaría en manos del mendrugo de su marido… ¡Y nos costaría varios días deshacer las meteduras de pata que haría!
MARI - Mira a la niña, ahora está con el jabalí, al que ha atraído (o sobornado, según se mire) con unas trufas frescas… Detrás de él, el águila se encara con los microleones, y uno de ellos le alarga una zarpa, como si se creyese un león rampante de escudo familiar. Valiente fiera…
MARI - Pena me da el elefante, que ha cogido los fardos con la trompa y se los ha echado al lomo…
MARI - Lo mismo que este burro que tenemos al lado. Mala vida ha tenido que tener, sometido a la servidumbre del trabajo, que ahora que está liberado y nadie ni nada lo fuerza, salvo el hambre de comida y el deseo de arrimarse a las burras, ya me estaba dando con la cabeza para que le pusiese las alforjas… Se las he puesto, sí, pero vacías, para que no tenga que padecer la espantosa miseria a la que tú y yo estamos esclavizadas…
MARI - ¿Arrimarse a las burras? Mejor le iría a esta pobre… ¡Es hembra!
MARI - Jajajjaja… ¡Se me contagia la locura! Si el hombre pertenece, como sabemos, al Reino Animal, debe ser una constante inter-especies el que los machos rehuyan las labores, dejándolo todo en manos de las hembras…
MARI - Salvo las guerras, claro. Salvo las guerras.
MARI - Ésas las quieren todas para ellos solos… ¡Y allá se las queden! La vida del hombre transcurre entre tabernas y batallas, y se diría que les gusta alardear de valientes en las primeras para mostrarse cobardes en las segundas. ¡Ah, cómo maldigo al hombre, al varoncito, a sus leyes y sus dioses! ¡Por qué no nos haremos todas lesbianas! Pero… jajajajajaja… no temas, no me mires con esos ojos de espanto y prevención… jajajajaja… ven aquí, anda. Ya entraron todos los animales y hemos guardado todas las provisiones. Empiezan a oscurecerse los Cielos con las negras nubes de la tormenta y Noé camina de un lado a otro, demasiado atontado como para atinar a entrar por la rampa del Arca. Ven, ea, cógelo tú de un brazo y yo del otro y resguardémonos dentro al calor que exudan los animales. Venga, date prisa. Ya empiezan a caer las primeras gotas.
Exeunt y telón